Entrevista a ISMAEL MARTINEZ BIURRUN
para Anika Entre Libros
Por David Mateo

Conozco a Ismael Martínez Biurrun desde hace tiempo y ya con su primera obra: "Infierno nevado", publicada por Equipo Sirius, presagiaba muy buenas maneras. Lenguaje sutil, textos sobresalientes, personajes poderosos… todo ello, bien combinado, creaba una atmósfera histórica-terrorífica con fuertes connotaciones lovecrafianas.
Hoy, después de leer "Rojo alma, negro sombra" tengo la sensación de que Ismael ha evolucionado hacia una literatura más intimista, con un lenguaje aún más sutil, enriquecido de bellas metáforas. Ismael, en su propio blog, definió la novela como un psycothriller que perfectamente podría estar en la órbita de "El sexto sentido".
"Rojo alma, negro sombra" es una historia de vidas cruzadas. Elías destapa una vorágine de terrores adormecidos cuando desentierra una carta escrita por una tal Isla y, sin darse cuenta, se traga una avispa que lo arrastra hasta el borde de la muerte. A partir de ese momento, nuestro protagonista se verá obligado a trabajar de vigilante nocturno en un viejo almacén de máquinas, mientras extraños demonios con forma de sombras emergen entre los vértices de su vida y lo abocan a una búsqueda desesperada.
(extracto de la entrevista)
** Hola Ismael, antes de nada me interesa conocer mucho tu impresión. ¿Cómo definirías "Rojo alma, negro sombra"? Te pregunto porque me ha parecido un libro "fusión". Y me explico: entrelazas soberbiamente temas sociales como la intolerancia hacia el arte (toda la historia de Guillermo y su afán por convertirse en grafitero) o la violencia de género (Berta, David y ese Cazador implacable) con una trama paranormal que tampoco es el eje central de la novela.
Ismael Mnez. Biurrun:
En principio cuando te pones a escribir no piensas que vas a tratar tal o cual tema social, o al menos yo no me lo planteo así con mis novelas. Yo parto de situaciones o de personajes, o incluso de imágenes que me surgen en la cabeza y por la razón que sea me cautivan. Luego formo una especie de núcleo duro dramático a su alrededor, y eso lo mantengo de forma irrenunciable hasta el final, pero permito que la historia vaya y vuelva libremente, se pierda en meandros o ramificaciones de cualquier clase, sin ningún tipo de cortapisa de género o de planteamiento social, con la única condición de que la historia mantenga el rumbo marcado por ese núcleo central. El núcleo de “Rojo alma, negro sombra” es la historia de Elías y la carta que encuentra enterrada, y el desentrañamiento del misterio que envuelve a esa carta. Los fantasmas también estaban en mi cabeza desde el principio, antes incluso que Berta y Génesis.
Sin embargo luego me ocurrió algo curioso: descubrí que Berta y Génesis eran personajes mucho más vivos e intensos que Elías. Pero en lugar de atenuarlos decidí aplicar la medicina contraria, darles toda la cancha que me pedían, aun a riesgo de que les robaran el show a Elías y sus fantasmas, porque me pareció que la historia se enriquecía mucho con ellos, ganaba dimensiones nuevas que la elevaban un poco por encima del simple cuento de fenómenos paranormales.
Encontré la forma de que las tres historias encajaran y a partir de ahí todo vino rodado y la historia se construyó a sí misma. Eso no quita, por supuesto, para que yo haya introducido mis paranoias y preocupaciones personales a lo largo del relato, como son la violencia de género, que me parece una plaga intolerable, o el factor de rebeldía que implican ciertas formas de arte como el grafiti.
** Una pregunta que me “pica” la curiosidad: ¿en qué momento surgió la avispa? Antes has dicho que muchas anécdotas surgen como imágenes en tu cabeza. La avispa está tanto al comienzo del libro, como al final. ¿Qué simbología tiene en la novela?
Ismael Mnez. Biurrun:
El primer capítulo de Elías me surgió de golpe desde el principio, con la carta enterrada, el bosque quemado y la dichosa avispa. El conjunto de esa situación tenía una fuerza onírica que me parecía irresistible, aunque no sabría decir muy bien por qué. Luego me di cuenta de que la avispa además podía cumplir un papel muy importante a nivel narrativo y también simbólico. La avispa es un emisario de la propia conciencia de Elías que le avisa de que no puede continuar con sus planes tan fácilmente, sin haber disipado primero las sombras de su alma.
Sin destripar nada puedo contar que la reaparición de la avispa, casi al final, es mi momento favorito de la novela, porque viene a cerrar el círculo de la historia de una forma simplísima y muy poética.
** Representas a Berta como una mujer fuerte. Sensible, pero fuerte. Y parte de esa fuerza proviene del mismo David, su hijo. Una vez más, eres capaz de traspasar la realidad al papel con una veracidad escalofriante. Y aun así, su rol como madre intercala perfectamente con el de mujer que poco a poco se va aproximando a Elías. Nos encontramos ante una novela repleta de sentimientos a flor de piel. ¿Verdad?
Ismael Mnez. Biurrun:
Me alegra mucho que lo veas así, porque mi objetivo principal era precisamente ese, sacar los sentimientos de la cabeza de los personajes, ponerlos a flor de piel. Esto suena un poco a alquimia, pero yo creo que el drama y el suspense, o incluso el terror, son dos emociones que combinan muy bien. No sé muy bien por qué sucede, tal vez porque la tristeza nos hace bajar las defensas, y entonces el golpe de terror tiene el doble de efecto. Esto no es ningún descubrimiento, ni mucho menos. Frankenstein es una novela en realidad más dramática que terrorífica. Si no hay un drama humano detrás del terror todo se queda en fuegos de artificio, como vemos en las películas malas. Las historias que permanecen son las más dramáticas, siempre.
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Trabajó como profesora y se hizo conocida por dar chocolatinas a los alumnos que se atrevían a romper el hielo y ser los primeros en preguntar, una costumbre que sigue practicando con sus lectores cuando, tras un encuentro literario, se inicia el temido turno de preguntas. Sabe que la primera pregunta siempre es la más difícil; al igual que la primera oportunidad. 
