X-MENCapítulos 41 a 50VIEJOS AMIGOS
Por Doctor Lecter
41. BúsquedaEra como matar mosquitos a cañonazos, pero era la única pista que podían seguir en aquel momento. Los dos iban en el coche de Eric y Charles examinaba la mente de la gente por la que pasaban, con la esperanza de alguno hubiera visto la furgoneta negra. Cuando llevaban diez minutos dando vueltas Charles captó algo. Un hombre que estuvo a punto de ser atropellado por una furgoneta negra que iba en dirección norte.
-Gira a la izquierda, y procura calmarte. No hago más que recibir tus pensamientos.
-¿Calmarme?¿Que me calme, dices?¡Joder!Charles, por si no te has dado cuenta, todos los pacientes están muertos, los médicos y las enfermeras también, Daniel ha sido asesinado brutalmente, se han llevado a tu novia y ahora mismo podrían estar torrturándola. ¿Y me pides que me calme?Lo que me sorprende es que estés tú tan calmado, como si no pasara nada.
-¿Acaso crees que no estoy furioso?-exclamó Charles, alzando la voz-Conocía a Daniel desde hacía casi diez años. ¿Crees que no quiero que paguen por su asesinato?¿Crees que no tengo miedo por lo que le puedan hacer a Gabrielle?¿Que no querré vengarme si le han hecho algo?Estás muy equivocado.
-Pues no lo demuestras.
-Gira a la derecha en el próximo cruce. Lo único que me importa es sacar a Gabrielle con vida de donde la tengan. Si me dejara dominar por mis sentimientos, como tú, no habría escapatoria. El asesinato es lo último que pasa por mi cabeza en estos momentos.
-Oh, claro, entonces cuando lleguemos, coges a Gabrielle, les dices a esos nazis que los perdonas por haberla secuestrado y torturado, les estrechas la mano y aquí no ha pasado nada, ¿verdad?¡Por Dios, Charles!Esos malditos nazis no se merecen otra cosa que la muerte, y es lo que se llevarán, créeme.
-Cuando veas una mezquita, tuerce a la derecha. Ahora mismo estás hablando como ellos. Dime, ¿qué es lo que te diferencia de ellos?Ellos han matado y torturado a muchas personas, y ahora estás hablando de hacerles lo mismo.
-Ellos no cuentan como personas.
-Estás hablando de utilizar tus poderes contra ellos. Si todos los mutantes hicieran lo mismo sería el fin. Nosotros no tenemos estos poderes para hacer lo que nos plazca, sino para hacer lo correcto.
Eric soltó un bufido.
-Será mejor que nos concentremos en buscar a Gabrielle y dejemos esta discuisón para otro momento.
-Sí, será lo mejor.
Se detuvieron frente a un camino cubierto de grava, donde había un letrero.
-Por aquí ya no hay gente y no sé por dónde seguir. ¿Conoces este lugar?
-Sí, lleva hacia las montañas.
-Por fuerza han tenido que pasar por aquí.
A cinco kilómetros vieron un edificio abandonado, y Eric detuvo el coche.
-¿Qué sitio es ese?-preguntó Charles.
-Es un viejo cuartel abandonado. Lo utilizaba El Mossad durante la guerra. No hay ningún edificio más por la zona, así que será mejor que nos acerquemos a investigar.
Se bajaron del coche y fueron caminando, en silencio.
Cuando estuvieron a dos kilómetros, vieron que se encendían unas luces en la primera planta, y se escondieron tras los árboles.
-Parece que el edificio no está abandonado-dijo Eric-¿Puedes captar algo desde aquí?
-No, estamos demasiado lejos. Tendríamos que acercarnos.
Los dos caminaron todo lo agachados que podían entre los árboles, hasta que se detuvieron detrás de unos arbustos, a unos diez metros del edificio.
Entonces oyeron hablar a dos personas. En alemán.
Eric y Charles intercambiaron una mirada.
Los habían encontrado.
42. Ataque-¿A qué estamos esperando?-dijo Eric, lanzándose hacia adelante, pero Charles lo agarró del cuello de la camisa y tiró de él hacia atrás.
-¿Es que te has vuelto loco? No podemos entrar así de golpe. No sabemos cuántos son.
-Dijiste que Daniel había visto a nueve, ¿no?
-Sí, pero puede que haya más, y no sabemos qué armas tienen, ni dónde tienen retenida a Gabrielle. Tenemos que pensar muy bien lo que vamos a hacer.
Eric soltó un bufido.
-Vamos, acerquémonos al edificio.
Los dos corrieron agachados y se apostaron debajo de la ventana, con la espalda pegada a la pared.
-Ahora espérame aquí-susurró Charles-Voy a dar una vuelta al edificio y tratar de percibir dónde la tienen-No te muevas de aquí.
-Sí, mamá.
Unos pocos minutos después Charles apareció por el otro lado.
-¿Y bien?
-Está en esta misma planta, pero hay un problema. Nada más entrar hay cinco nazis, con armas automáticas. Obligatoriamente tenemos que pasar por ellos.
-¿Y el resto?
-Dos están con Gabrielle. Los otros dos no lo sé.
-Está bien. ¿Qué tienes pensado?
-Yo iré a buscar a Gabrielle. Necesito que distraigas a esos cinco.
-De acuerdo, yo me ocupo.
-Eric, no los mates-dijo, mirándole a los ojos. Éste soltó otro bufido-Hablo en serio, Eric.
-Está bien, lo que tú digas.
-¿Me lo prometes?
-¿Qué? Por favor... sí, te lo prometo. No los mataré.
Charles lo miró durante un instante y luego asintió con la cabeza.
-De acuerdo.
Charles asomó un ojo por la ventana y los vio sentados alrededor de una mesa, jugando a las cartas, con sus armas colgando del respaldo de sus sillas. Luego se volvió hacia Eric y le describió la escena.
-¿Qué tienes pensado?
-Lo improvisaré sobre la marcha.
-Vamos allá.
Eric tiró la puerta abajo y alzó las manos. Las ametralladoras salieron volando hacia atrás, tirando las sillas en la que estaban sentados todavía los nazis.
-¡Ahora, Charles!¡Corre!
-¡No los mates, Eric!
-¡Vete!
Charles le dio la espalda y corrió por el pasillo. Ya tendría tiempo de preocuparse por Eric más tarde.
43. HalladaAl doblar la esquina, Charles vio a un hombre con un rifle colgado del hombro que le daba la espalda, tratando de encender un cigarrillo. Charles se le acercó por la espalda y le tocó el hombro.
-¿Quieres fuego?
El hombre se volvió y Charles le dio un puñetazo en toda la mandíbula, noqueándolo. Charles lo cogió para que no hiciera ruido al caer al suelo y lo apartó a un lado. Mientras lo depositaba en el suelo apareció otro hombre por delante de él y le gritó algo en alemán, apuntándolo con su arma. Entonces Charles se puso de pie y lo miró fijamente.
-Baja ese arma, soldado. ¿A quién crees que estás apuntando?
El hombre lo obedeció, como si se tratara de su superior y se puso firme.
-Bien, eso está mejor. Dime, ¿dónde está la chica?
El nazi señaló el pasillo por el que acababa de aparecer él, a la derecha.
-Bien, ahora acércate y dame tu arma.
El nazi se acercó y le tendió su AK-47.
-Ahora vas a olvidar que me has visto.
El nazi asintió con rigidez y Charles le golpeó en la cabeza con la culata del arma. Lo cogió mientras caía y lo depositó junto a su compañero.
Bien, pensó, ahora en teoría sólo quedan dos más, que están con Gabrielle.
Volvió a torcer a la derecha y enfiló por el pasillo que le había indicado el nazi. Hacia el final había una serie de puertas, y en la segunda de le izquierda oyó unas voces en alemán. Charles se acercó con sigilo y a través de un pequeño cristal vio a Gabrielle colgada del techo, inconsciente, y a dos hombres frente a ella. Uno parecía ser el que llevaba la voz cantante, tendría unos cincuenta años y pelo canoso, y el otro era más joven. Charles pudo ver a través del cristal que le faltaba media nariz, y se acordó de lo que Gabrielle le había contado. Sintió deseos de entrar y matarlo, pero trató de serenarse. Lo importante ahora era sacar a Gabrielle de allí con vida.
-Habrá que esperar a que vuelva en sí-dijo Strucker-Sino no será tan divertido.
-¿Cree que nos lo dirá, señor? Hasta ahora ha guardado silencio.
-Intensificaremos las torturas y ya no podrá soportar el dolor. La verdad es que me ha sorprendido. En el campo no soportaba ni la mitad de lo que le hemos hecho aquí. Se ha vuelto más resistente con el tiempo, pero eso cambiará pronto.
-Muy cierto, señor.
Strucker cogió una silla, la puso delante de Gabrielle, se subió a ella y desenganchó las cadenas del techo.
-¿Señor? ¿Qué está haciendo?
Strucker depositó a Gabrielle en el suelo y empezó a quitarle las cadenas de las muñecas.
-¿Señor?¿Por qué la está liberando?-preguntó Hans cada vez más confundido.
Strucker se volvió hacia él con las cadenas en la mano y le golpeó en la cara con ellas. Hans cayó al suelo, con la boca ensangrentada.
-¿Por qué, señor?¿Qué está...
Strucker le presionó un punto sobre la clavícula y Hans perdió el conocimiento. Luego abrió la puerta y dejó entrar a Charles.
-Bien hecho. Ahora dame las cadenas-Strucker lo hizo y Charles se las puso alrededor de las muñecas-Ahora duerme.
Strucker cayó hacia atrás, inconsciente, y Charles se arrodilló al lado de Gabrielle. Puso su oído sobre su pecho y luego le tomó el pulso en la muñeca. Estaba viva.
-Pobrecilla, ¿qué es lo que te han hecho?
Gabrielle tenía algunas uñas ensangrentadas, en carne viva y algunas quemaduras serias en las piernas, hechas con algún soplete o algo parecido. Al menos había llegado a tiempo. La cogió en brazos y caminó de regreso hacia la salida. Fue al caminar los últimos cinco metros que faltaban hasta la sala donde había dejado a Eric cuando escuchó que las ametralladoras se disparaban.
44. EnfrentadosTodo sucedió muy rápido. Charles entró en la sala y vio a Eric disparando contra los cuatro nazis, que estaban alineados junto a la pared, como en un fusilamiento. Charles dejó a Gabrielle en el suelo y entró en la mente de su amigo, obligándolo a desviar la trayectoria de las balas.
Eric se volvió furioso contra él.
-¡Cómo te atreves!
-¡Eric, acordamos que no habría ninguna muerte! He encontrado a Gabrielle. Tenemos que irnos. Llamaré a la policía israelí y ellos se ocuparán de estos nazis.
-Eso no me vale. No es suficiente. Voy a matarlos, que es lo que se merecen, y ni tú ni nadie va a impedírmelo.
-¿Te estás escuchando?¡Hablas como ellos!
Eric lo ignoró e hizo que las armas apuntaran a los nazis.
-¡No!-Charles empujó con el hombro a Eric, tirándolo al suelo-No pienso consentirlo.
Eric lo miró desde el suelo, sorprendido y furioso a la vez.
-Está bien, Charles, tú lo has querido.
Charles miró a Eric a los ojos y supo que no sería fácil.
Eric creó un campo magnético alrededor de Charles y lo lanzó contra la pared. Charles impactó a gran velocidad, agrietando la zona con la que chocó, y cayó al suelo. Los nazis seguían en fila, asustados ante lo que estaban presenciando.
-No puedo creer que los protejas. ¡Son los mismos que se llevaron a Gabrielle, maldita sea!
-No utilizarás tus poderes para el asesinato, Eric.
Eric se llevó las manos a la cabeza, presa de un terrible dolor.
-¡¡Sal de mi cabeza!!
Charles aprovechó para empujar la pesada mesa y atrapar a Eric contra la pared. Pero era de hierro y Eric la apartó, derribando a Charles. Se tiró sobre él y ambos rodaron por el suelo. Eric se puso encima de él y empezó a golpearle la cara. Enseguida se puso de pie y volvió a lanzarlo contra la pared. Charles volvió a entrar en su mente e hizo chocar su cabeza contra la pared, abriéndose la sien derecha. Detrás de Charles, la pesada puerta de acero se desprendió de sus goznes y cayó sobre él, aplastándolo.
Eric se acercó a él, limpiándose la sangre de la cara con la manga.
-No me has dejado otra opción, Charles. No dejaré que te interpongas.
Entonces los cuatro nazis cayeron sobre Eric y lo agarraron de los brazos, tirándolo al suelo. Uno lo sujetó de las piernas, otro de los brazos y un tercero le pisó el cuello. El cuarto cogió su ametralladora y le golpeó con la culata en la cabeza antes de que pudiera usar sus poderes. Luego los cuatro, al igual que Eric, perdieron el conocimiento.
Charles salió de debajo de la puerta a duras penas, arrastrándose ensangrentado, y se puso de pie. Observó a Eric con tristeza y meneó la cabeza. Sabía que su amistad se había acabado y que ahora se había ganado un peligroso y poderoso adversario.
Se acercó al teléfono y llamó a la policía israelí para que vinieran a ocuparse de los nazis. Cogió a Gabrielle en brazos y se la llevó de allí.
Cuando la metió en el coche ella empezó a abrir los ojos.
-¿Charles?
-Sí, Gabby, soy yo. Ahora ya estás a salvo-y puso en marcha el coche.
Cuando la policía llegó, Eric había desaparecido.
NOTA: En la historia oficial, Magneto encontró el oro y se lo llevó.
45. Ruptura
Una semana después tuvo lugar un emotivo funeral en el cementerio principal de Haifa, donde se honró la memoria de cada una de las víctimas de la masacre del hospital. Charles y Gabrielle acudieron juntos y rezaron por el alma de Daniel. Charles pensó que Eric aparecería, pero no hizo acto de presencia en la hora aproximada que duró la ceremonia. A Gabrielle también le extrañó, y le preguntó por él.
-Pues no sé dónde está. No lo veo desde hace una semana.
Gabrielle le miró, preocupada. Intuía que algo les había pasado, pero Charles no quería hablar de ello.
-¿Os habéis peleado?
-¿Qué?
-Es lo que me parece. Algo ha debido ocurrir para que no dé señales de vida desde hace una semana. Algo os ha pasado.
Charles guardó silencio.
-Aún no me has hablado de aquella noche.
Charles sabía a qué se refería.
-Llevo todo este tiempo preguntándome cómo conseguiste dar con mi paradero.
Ahí estaba, atrapado entre la espada y la pared. Charles sabía que no tenía más remedio que contarle la verdad.
-Está bien, pero prométeme que no te enfadarás.
-Te lo prometo, pero me estás poniendo nerviosa.
Charles la llevó a un lugar apartado, reunió todo el valor que pudo y empezó a hablar. Le dijo que él y Eric eran mutantes y que utilizaron sus poderes para encontrarla. Que Eric perdió el control y que utilizó sus poderes para matar a aquellos nazis, que se lo impidió y que tuvieron una feroz lucha. Al final lo dejó inconsciente y la sacó de allí.
-Entiendo-dijo ella. Parecía bastante serena-¿Qué.. qué clase de poderes?
Le dijo que Eric controlaba los metales y campos magnéticos y que los suyos eran mentales.
-¿Mentales?¿Qué quieres decir con eso?
-Leo las mentes y puedo hacer que la gente haga lo que yo quiera, dentro de un límite. Así fue cómo seguimos el rastro de Strucker hasta aquel edificio. Busqué rastros de la furgoneta negra en la mente de la gente y así dimos con el edificio.
Charles percibió que Gabrielle lo miraba de otro modo, como tensa.
Él fue a cogerle la mano pero ella retrocedió.
-No... no te acerques.
-¿Gabby?
-No me llames así.
-¿Qué ocurre?
-No te acerques. ¿Por qué no me lo dijiste antes?¿Cómo sé que no has utilizado tus poderes conmigo?
-¿Cómo? ¿Pero qué estás diciendo?
-¿Cómo sé que no los has utilizado para obligarme a que... a que te quiera?-dijo, temblándole la barbilla.
Charles se sintió horrorizado.
-¿Cómo puedes pensar algo así, Gabby? Yo jamás utilizaría mis poderes de esa forma.
-Pero los utilizaste contra Eric.
-No es lo mismo. Él era un peligro.
Charles se acercó a ella, pero Gabrielle retrocedió.
-No te acerques, ya no sé quién eres-dijo, echándose a llorar.
-Gabby, por favor...
-No quiero volver a verte, Charles. Aléjate de mí. Me das miedo-y se fue corriendo.
-¡Gabby!
Gabrielle se subió a un coche y se marchó.
Después de aquello, Charles no volvió a verla.
46. Rumbo al hogarUna semana después de recibir la carta de Gabrielle, Charles decidió que ya había llegado el momento de abandonar el hospital, aun en contra de los deseos de los médicos.
-Pero, señor Xavier-protestó el doctor Marvin-, ¿está usted seguro? Le ruego encarecidamente que lo piense. Aún podemos seguir haciéndole más pruebas y su rehabilitación...
-Mi rehabilitación no está dando los resultados esperados, y ambos lo sabemos. Yo sé que no volveré a caminar y usted también. Aquí no hago más que perder el tiempo y ocupar una habitación que podría utilizar alguien que la necesitara más que yo, así que ahora mismo voy a firmar los papeles del alta y me marcharé por esa puerta.
-¿No puedo convencerlo de que cambie de idea?
-No.
-Está bien, es decisión suya aunque no la comparto-el doctor Marvin le estrechó la mano y le deseó suerte.
Xavier entró en la sala de rehabilitación para despedirse de John.
-Entonces es cierto que nos deja-dijo John con tristeza.
-Sí, aquí ya no pueden hacer nada más por mí, así que lo mejor es que vuelva a la rutina de mi vida.
-Le echaré de menos. Me gustaba mucho su compañía. ¿Con quién voy a hablar ahora de...? Ya sabe, de nuestras cosas.
-Verás, John, voy a abrir un colegio para jóvenes mutantes a finales de año, para que aprendan a usar sus poderes, a controlarlos, etc., y necesitaré profesores. Si te cansas de este lugar, ven a verme.
-¿Está hablando en serio?
-Sí.
-¿Yo profesor? Pero yo no tengo ni idea de enseñar. No sabría...
-Tú tienes mucho que enseñar, John, eres bueno en tu campo. Tú piénsalo, ¿quieres? Sólo piénsalo.
-Está bien, lo pensaré-John le estrechó la mano-Y cuídese.
-Gracias, John. Tú también.
Xavier giró su silla en el aire y se fue de allí. Al salir del hospital vio a Eric que se dirigía hacia él.
Cuando lo vio salir, se detuvo.
-Charles.
-Eric.
-Venía a visitarte. ¿Qué haces aquí fuera?
-Me marcho del hospital. Aquí estoy perdiendo el tiempo.
-¿Vuelves a casa?
-Sí.
Eric asintió.
-Siento no haber venido a verte esta semana, pero he estado ocupado.
¿Haciendo qué?, pensó Xavier. La barrera de su mente aún seguía ahí, y Xavier no lograba atravesarla. ¿Dónde aprendiste a levantar barreras mentales?
-Sigues con tu vida, y yo también tengo que hacerlo.
-¿Vuelves a la mansión familiar o adónde tienes pensado ir?
-No, vuelvo a la mansión. Tengo cosas que hacer allí.
-Bien, entonces me marcharé. Me ha alegrado verte, Charles.
-Y a mí.
-Seguramente nuestros caminos volverán a cruzarse, amigo. Hasta entonces.
-Espero que no tengan que pasar otros 15 años hasta entonces.
Eric sonrió.
-Sí, yo también lo espero.
-Puedes pasarte por la mansión cuando quieras. Eres bienvenido.
-Gracias. Tal vez lo haga-se tocó el ala del sombrero y se dio la vuelta.
Poco después un coche se detuvo delante de Xavier y lo llevó a su hogar.
47. La escuela abre sus puertasA finales de año las obras en la mansión llegaron a su fin, pero hasta octubre del año siguiente no abrió sus puertas.
Durante aquellos diez meses Xavier habló con amigos suyos acerca de su proyecto, y estos a su vez hablaron con sus amigos y conocidos, y en unos meses prácticamente todos los mutantes conocían la existencia de su escuela. Antes de darse cuenta ya tenía a doscientos chicos matriculados, y se sintió muy orgulloso de ello.
La primera en matricularse fue la hija de su buen amigo John Grey. En apenas año y medio Jean se había convertido en una chica preciosa que rebosaba alegría y vitalidad. No se parecía en nada a aquella chiquilla triste y apagada que lo había visitado en el hospital. Cuando John la llevó a ver cómo era el lugar, Jean corrió hacia Xavier y se tiró a su cuello. Su padre la reprendió por ello, pero Xavier le quitó importancia.
Xavier les llevó en una visita guiada por las instalaciones, y Jean corrió delante de ellos por los pasillos.
-Me gusta lo que has hecho aquí-comentó John, maravillado-Y se ve que no has reparado en gastos.
-Gracias. Este es un proyecto deseado desde hace mucho tiempo y me alegra poder llevarlo a cabo.
-Dime, ¿ya lo tienes todo preparado para la gran apertura?
-Aún no. Me queda reunir la plantilla de profesores, pero confía en mí, todo estará listo para el día D. ¿Qué tal está Jean?
-Gracias a ti, de maravilla. Desde que le pusiste esa barrera en la cabeza es una niña diferente. Sin pesadillas, ya sonríe, tiene amigas, y no ha usado sus poderes desde entonces.
-Bien. En cuanto empiecen las clases quitaré la barrera psiónica de su mente y me ocuparé personalmente de entrenarla en el uso de sus poderes.
-Te estoy muy agradecido por ello, Charles-John le estrechó la mano y se despidió de él. Jean le dio un beso en la mejilla, y poco después se marcharon.
Unos dos meses antes de la apertura de la escuela Xavier empezó a reclutar a los profesores, todos ellos mutantes amigos suyos con deseos de ayudar. John, su terapeuta del hospital, finalmente aceptó su oferta y se unió a la plantilla como profesor de anatomía. Al igual que al resto de los profesores, Xavier le facilitó una copia de los expedientes de los alumnos (datos personales, poderes, etc...) para que fuera conociéndolos.
Que John aceptara unirse a su equipo fue una gran sorpresa, pero fue mayor la que se llevó una semana antes de la inauguración.
Cuando recibió la visita de su viejo amigo Eric.
48. El nuevo profesor-Al final lo hiciste-dijo Eric avanzando hacia él.
-¿Qué te parece?
-Si te soy sincero, la verdad es que me has sorprendido. Pensé que esta idea tuya no pasaría de eso, una idea, pero veo que al final la has llevado a cabo.
-¿Te parece bien?
-Es tu sueño, no el mío-se limitó a responder Eric.
-Vamos, no te quedes en la puerta.
Xavier le guió por el pasillo hasta su despacho.
-Esta es la primera vez que estoy en tu casa.
-¿Y bien?
-No está mal. Aunque es mucho espacio para una sola persona.
-A partir de la semana que viene vivirán aquí más de doscientas personas, así que no tendré tiempo de sentirme solo.
-Bien. Espero que tengas éxito con este proyecto tuyo.
-Y yo también. Y hablando de proyectos, me gustaría hablarte de algo en lo que llevo trabajando un tiempo.
-¿De qué se trata?
-Es un ordenador.
-¿Un ordenador?¿Qué clase de ordenador?
-Uno único en el mundo. Si funciona, al conectarme a él podría amplificar mis poderes mentales de forma ilimitada y permitirme encontrar a cualquier mutante en todo el mundo. He hecho un diseño primario, pero necesito a alguien que me ayude a construirlo.
-¿Necesitas mi ayuda?
-Sí.
Eric lo pensó durante un segundo.
-¿Tienes aquí los diseños?
Xavier abrió un cajón y le tendió los dibujos por encima de la mesa. El primero era una sala inmensa, de forma semiesférica, y toda ella estaba cubierta por una especie de placas rectangulares. Una pasarela iba hasta el centro de la sala, sólo que no había suelo; la pasarela se sostenía sobre un abismo y al final de la misma estaba el ordenador.
-¿Lo que cubre el techo son placas metálicas?
-Sí. Las ondas psíquicas de mi cerebro aumentan al rebotar en ellas.
Eric examinó el boceto del ordenador. Era una especie de mesa de control semiesférica a la que estaba conectado un casco metálico mediante unos conductores de acero. O eso es lo que parecía.
-Para ser los primeros esbozos no está mal. ¿Ya sabes dónde lo vas a ubicar?
-Sí, debajo de la mansión. ¿Qué me dices, te interesa?
Eric asintió lentamente con la cabeza.
-Tiene posibilidades.
-¿Aceptas?
-Acepto-y le estrechó la mano.
-¿Por qué?
-¿Qué?
-¿Por qué aceptas? Siento curiosidad.
Eric se encogió de hombros.
-Yo también. Me gustaría saber cuántos como nosotros hay en todo el mundo.
-Es una buena razón. Otra cosa. Si vas a ayudarme con el ordenador, lo adecuado es que ocuparas una habitación, aquí, en vez de estar yendo y viniendo constantemente.
-Sí, es preferible. ¿Qué tienes en mente?
-¿Qué te parecería ser profesor en mi colegio?
-¿Cómo dices?-Eric se rió-¿Yo profesor?
-Piénsalo, es lo más lógico. Así la gente no se preguntará quién es el tipo ese de pelo blanco que ronda por el colegio.
-¿Y de qué se supone que sería profesor?
-¿Qué te parece de ciencias?
-¿Ciencias?¿Yo no sé nada de ciencias?
-Claro que sí. Eres el mayor experto en magnetismo que conozco.
Eric se rió y luego miró a su viejo amigo.
-Está bien, Charles. Acepto. Seré tu profesor de ciencias.
49. Documentos secretosUna noche de luna llena, un coche se detuvo frente a un viejo motel de carretera. Le hizo señales a alguien con las luces delanteras y poco después la puerta del asiento del copiloto se abrió.
-Llegas tarde.
-Lo siento-se excusó el conductor, algo nervioso-El tráfico estaba cortado y tuve que desviarme.
-No quiero que me cuentes tu vida-replicó Magneto-¿Has traído lo mío?
El otro hombre abrió la guantera y le dio un sobre. En él había un carnet de identidad y un documento doblado por la mitad.
-Bien-Magneto sacó de su bolsillo seiscientos dólares y se los entregó.
-¿Por qué tanta prisa, si no es mucho preguntar?-preguntó, con voz temblorosa.
-Tengo que entrar en un sitio y no puedo dar mi verdadero nombre, porque se me echarían encima. Además tengo un proyecto importante entre manos y antes de llevarlo a cabo tengo que entrar en ese sitio y hablar con cierta persona para que me dé algo que necesito.
-¿Y cuál es ese sitio?
-¿Sabes que la curiosidad mató al gato?-replicó Magneto, guardándose el sobre en el interior de la chaqueta. Salió del coche y se despidió de su contacto. Cuando estaba a unos cinco metros, el coche empezó a comprimirse. El techo y las puertas empezaron a hundirse hacia dentro y el conductor empezó a chillar y a pedir auxilio. Cinco segundos después sólo reinaba el silencio.
Magneto devolvió al coche su forma inicial, abrió la puerta del conductor y recuperó su dinero.
-Gracias por tus servicios-y se fue andando tranquilamente.
Al día siguiente era la presentación del curso.
50. Bajo tierra-Algunos niños te tienen miedo-dijo Xavier. Los dos estaban en su despacho. Eric estaba junto a la ventana, observando a algunos de los niños jugando al baloncesto. Uno niño de gafas recibió el balón, desapareció, apareció dos metros más adelante, volvió a desaparecer y apareció en el aire mientras encestaba-Tu presencia les impone demasiado.
-Mejor, así aprenderán que las cosas no son tan fáciles ahí afuera.
-Son niños, ya tendrán tiempo para aprenderlo.
-No me has llamado para hablarme de mis métodos de enseñanza, ¿verdad, Charles?
-No, es cierto-Xavier fue hasta la pared que quedaba a la derecha de su escritorio, la tocó, y ésta se abrió, mostrando un ascensor al otro lado.
-Vaya, ¿tienes tu propio ascensor? Porque, que yo sepa, yo no lo tengo en mi despacho.
-Este ascensor va a donde ningún otro puede hacerlo. Entra.
Eric entró detrás de Xavier, y éste tocó con el dedo un punto debajo del botón de la primera planta.
-Charles, o estás borracho o necesitas gafas. El botón de la primera planta está un poco más arriba.
Entonces vio que se iluminaba un botón debajo del dedo de su amigo, y lo miró, sorprendido.
-¿Un botón oculto? No lo entiendo.
-Es por seguridad. No quiero que nadie baje allá adonde vamos. De momento, nadie más puede ni debe verlo.
-¿Adónde vamos?
-Muy abajo. Quiero que veas el lugar en el que vamos a ubicar el ordenador.
Las puertas se abrieron y Eric vio delante de sí un largo pasillo.
-Vaya, parece que no has perdido el tiempo.
A derecha e izquierda había gruesas puertas acorazadas, similares a las de los Bancos y en cada una de ellas una gran equis en relieve. Eric leyó los rótulos de algunas puertas. "Sala de Entrenamiento", ponía en una, "Hangar" en otra el doble de ancha que las demás. Otras eran laboratorios, sala de rayos X, etc. Estaba bastante impresionado.
-Charles, ¿cómo has hecho para construir todo esto?¿Y para qué sirve?
-Para cuando sea necesario, Magnus. Y creo que lo será en un futuro no muy lejano.
Xavier se detuvo frente a una pesada puerta de titanio y se acercó a un teclado que había a la izquierda. Pulsó una serie de números y la puerta se abrió. El lugar era enorme, pero estaba vacío. Tenía forma semiesférica, como en el dibujo de Charles y no había suelo. En su lugar había un gran abismo que se perdía en su negrura.
-¿Qué profundidad tiene?-preguntó Eric, que se elevó en el aire y se detuvo sobre el abismo.
-Unos cien metros-respondió Xavier desde la puerta-Como te mostré en el dibujo, la pasarela irá hasta el centro, más o menos donde estás tú ahora. ¿Qué opinas?
-¿La pasarela irá sobre algún apoyo?
-No. Irá desde donde estoy yo hasta donde estás tú. La idea es que tu extremo no se venga abajo. Tiene que soportar el peso del ordenador y de dos o tres personas por lo menos.
-Lo mejor será utilizar acero o titanio. Creo que con eso será suficiente.
-¿Y las placas de las paredes y el techo?
-Acero galvanizado irá bien.
-Estupendo.
Eric regresó junto a él y Xavier cerró las puertas.
-Después te daré el código para que puedas entrar siempre que quieras.
-Bien. ¿Me dirás ahora qué hay en las otras salas y de dónde sacaste la idea?
-Claro. En realidad no fue idea mía.
-¿No? ¿De quién, entonces?
-De un hombre llamado Fred Duncan...