viernes 30 de enero de 2009

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar, de Anna Gavalda

Extracto de la ficha realizada por Patricia Tena para Anika Entre Libros

QUISIERA QUE ALGUIEN ME ESPERARA EN ALGÚN LUGAR
(Je voudrais que quelqu'un m'attende quelque part, 1999)
Anna Gavalda

Editorial Seix Barral
Género: Relatos en Novela
191 Páginas

Doce cuentos protagonizados por diferentes personajes con un nexo común: la mayoría sobrevive llevando una vida gris y sueña con conseguir algo más, especialmente ser felices.

Un comercial que vive prácticamente en la carretera será la pieza clave en un multitudinario accidente, una mujer que sufre un aborto natural, un matrimonio que ya no se ama, un hombre que se reencuentra con su amor de juventud, una veterinaria que averigua que algunos hombres pueden ser tan salvajes como algunos animales…

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(extracto de la crítica)

Sus personajes destacan por su naturalidad, son personas que bien podrían ser nuestra propia hermana, el vecino de arriba o incluso nosotros mismos. La mayoría de ellos va sobreviviendo, pero pocos son realmente felices. Todos quieren y buscan un giro en sus vidas: ya sea conocer a alguien interesante en una cita o cambiar de trabajo.

El estilo literario destaca por ser muy visual y onomatopéyico, y es común que se vayan entremezclando varias ideas y pensamientos a la vez, que logran reflejar de forma fiel cómo funciona nuestra mente.

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Espido Freire, X Premio "Luis García Berlanga"

Espido Freire gana el X Concurso periodístico "Luis García Berlanga"


Nota de prensa:

Fallo del Jurado

X CONCURSO PERIODÍSTICO “LUIS GARCÍA BERLANGA”

El pasado 22 de enero de 2009 se reunió en Madrid el Jurado del Concurso Periodístico sobre el Zapato Femenino Luis García Berlanga, compuesto por Tessa de Baviera, Lourdes Ventura, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Porpetta y Juan Carlos Martínez. Tras el examen de los 52 trabajos presentados y las oportunas deliberaciones, decidieron otorgar por unanimidad el Premio al trabajo titulado,


La Viuda

De Espido Freire


El acto de entrega del premio tendrá lugar el próximo viernes 20 de febrero de 2009 en el Museo del Calzado de Elda, y contaremos con la asistencia de la ganadora y de los miembros del jurado.


Espido Freire. Nació en Bilbao el 16 de julio de 1974. Su familia es gallega. Estudió música desde su infancia, y cursó estudios de canto en su primera adolescencia. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto, es también diplomada en Edición y Publicación de Textos por la misma universidad.

Espido debutaría como escritora con “Irlanda” (Planeta, 1998). La novela fue galardonada con el premio francés Millepage, que los libreros conceden a la novela revelación extranjera En 1999 apareció “Donde siempre es octubre” (Seix Barral, 1999).

Seis meses más tarde consiguió el Premio Planeta por su obra “Melocotones helados” (1999). Se convertía con veinticinco años en la ganadora de menor edad en la historia del galardón. Con ella obtuvo también el “Qué Leer” 2000 a la mejor novela española.

Sus otras novelas son “Diabulus in musica” (Planeta, 2001), “Nos espera la noche” (Alfaguara, 2003, segunda parte de una trilogía iniciada con “Donde siempre es octubre”) y “Soria Moria” (Algaida, 2007), que ha obtenido el premio Ateneo de Sevilla 2007. Nuevamente es la ganadora más joven que posee este galardón.

Ha escrito un total de cinco ensayos, cuentos y la novela juvenil “La última batalla de Vincavec el bandido” (SM 2001), el poemario “Aland la blanca” (Debolsillo, 2001) y “La diosa del pubis azul”, una novela policíaca escrita a cuatro manos con Raúl del Pozo.

Colabora con varios medios de prensa nacionales, como Público, ADN, El Mundo, Onda Cero, (Julia en la Onda) y en televisión (Paramount Comedy, Tele Aragón), así como en revistas como Yo Dona, Jano, o Psychologies. También ha trabajado como traductora literaria.

Desde sus años universitarios le interesó la enseñanza de la creación literaria; durante la última década ha impartido cursos de creación literaria en la principales universidades españolas y varias internacionales, ha creado su propio método pedagógico y ha abierto en Madrid su propia escuela literaria. (E+F, c/Ayala 86). Aboga por una renovación completa del modo en el que se percibe la cultura y la literatura, y muy especialmente por una forma distinta de aprendizaje. Con esa intención ha creado su empresa, en la que crea y propone nuevos conceptos culturales tanto a empresas privadas como a la administración pública.

La crítica la ha saludado como a una de las voces más interesantes de la narrativa española, y las alabanzas que surgieron con su primera obra han acompañado sus siguientes novelas. Ha sido traducida al francés, alemán, portugués, griego, polaco, holandés, turco, lituano, serbio...

De su obra colectiva destacan los textos aparecidos en antologías como "Vidas de mujer" (1999), “Lo del Amor Es un Cuento” (1999), “Relatos de Mujeres” (1999), “Nuevos Episodios Nacionales”, (2000) “Cuentos Solidarios (2)”, (2000) “Bilbao. Almacén de Ficciones” (2000), “Instinto de Protección” (2000), “Paisanos de Kafka” (2001), “La Biblioteca de los autores” (2001), “Ni Ariadnas Ni Penélopes” (2002), “Fobias. Diez Escritores Cuentan Sus Miedos” (2002), “Orosia, Mujeres de sol a sol” (2002), “13 Ciudades Sin Nombre” (2003), “Seduccions” (2002), “Sobre Raíles” (2003), “10 Cuentos Eróticos” (2004), “Relatos para leer en el autobús 3” (2005), “9 relatos de terror y misterio” (2005), “Todo Un Placer” (2005), “Mujeres en Ruta” (2005), “Palabras de Mujer” (2006), “Artículos de Larra” (2007), “La Traslatio Literaria” (2007)“Lo que los hombres no saben” (2008) y “Frankenstein”, (2008) entre otras.


Otros de sus libros más recientes son Mileuristas II, y El trabajo os hará libres.

Próximamente publicaremos una entrevista a Espido Freire por este último libro.



CONCURSO PERIODÍSTICO SOBRE EL ZAPATO FEMENINO
“LUIS GARCÍA BERLANGA”



INTRODUCCIÓN.

El Concurso Periodístico “Luis García Berlanga” fue creado a instancias del cineasta que le da nombre y en el seno del Museo del Calzado, en el año 1999. Se trata de un premio que tiende a ensalzar el zapato femenino a través de un artículo literario, nexo de unión entre calzado en su vertiente más cultural.

El concurso llega este año a su 10º Aniversario, gozando de una impecable trayectoria en cuanto a cantidad y calidad de trabajos presentados.


EL JURADO.

El Jurado está presidido por D. Luis García Berlanga y lo integran: la Princesa Tessa de Baviera, D. Luis Alberto de Cuenca, escritor y poeta, D. Antonio Porpetta, escritor y poeta, la escritora Dña. Lourdes Ventura, además del Director del Museo del Calzado.



LOS PREMIADOS.

Los ganadores de certámenes anteriores han sido:

Juan Manuel de Prada, Covadonga Valdaliso Casanova / Begoña Pérez Martínez, José Antonio Panero, Hada Margarita Mendoza, Mercedes Díaz Villarías, Antonio Gómez Rufo, Fernando Sánchez Dragó, Ramón Bascuñana y Fernando Marías.



El Premio periodístico dota de forma directa al ganador con la cantidad de 3000 euros y su objeto es un trabajo literario (en cualquiera de sus formas retóricas, ya sea puramente literario o ensayístico) que tiene que versar obligatoriamente sobre el zapato femenino.

Con la pluma a cuestas, 14 escritores desde la Rioja, VVAA

Extracto de la ficha realizada por Manuel Aparicio Burgos para Anika Entre Libros

CON LA PLUMA A CUESTAS: CATORCE ESCRITORES DESDE LA RIOJA
(Con la pluma a cuestas: catorce escritores desde la Rioja, 2004)
Varios Autores

Editorial Dossoles
Género: Relatos
143 Páginas

La Rioja ha sido y será fuente de inspiración mientras tenga sol, vino, buena gente, excepcional culinaria y ganas de charlas con sus gentes.

Este libro, donde catorce escritores renuevan el lenguaje español vivaz y cantarín, nos invita a dar rienda suelta a la imaginación, la creatividad y por encima de todo al uso de la lengua en imágenes que parece recién llegadas a la retina.

Cogerlo entraña un riesgo, no poder dejar hasta la última palabra.


LOS AUTORES: Jesús Miguel Alonso Chávarri, Isabel Cristina Allegreto, Jesús Barriuso, Eduardo Bernabéu Terroba, Mateo Berrueta Echave, Josep M. Cadena Catalán, Agustín García-Espina Martínez, Eliseo González, Francisco Javier Illán Vivas, José María Izarra, David Lorenzo, Mario Ángel Marrodán, Joan Lluis Montané y Juan Carlos Pulgar.


(extracto de la crítica)

Se trata de una obra de catorce relatos, de tema libre, por otros tantos escritores que sintiendo una gran simpatía por La Rioja, le han dedicado sus creaciones. Hay autores de La Rioja, de Burgos, de Galicia, de Murcia, de Cataluña y de Madrid. Pero todos coinciden en una creatividad realmente asombrosa, y sobre todo: admiran La Rioja.

Todos los autores tienen experiencia sobrada y todos han obtenido premios en diversos certámenes o concursos.

(...)

Si se pretendieran resumir en una corta síntesis todos ellos veríamos que es un puzzle, con temas y personajes diversos, con situaciones y soluciones tan variadas según el interés del autor y entre todos le dan vida propia y multicolor.

Melancolía a veces, resabio en otros, nervio y frustración en otros. Todos, forman un conjunto muy vivo y dinámico.

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Kojiki: Crónicas de Antiguos Hechos de Japón, Varios Autores

Extracto de la ficha realizada por Joseph B. Macgregor para Anika Entre Libros

KOJIKI: CRÓNICAS DE ANTIGUOS HECHOS DE JAPÓN
(Kojiki, 2008)
Varios Autores

Editorial Trotta
Edición a cargo de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla
1ª edición, 2008
Género: Cuentos y leyendas de Japón
282 Páginas

Kojiki (Crónica de antiguos hechos) es considerada la obra de literatura mitológica más antigua conservada en Japón. Se trata de una recopilación de cuentos tradicionales que abarcan desde la "Era de los Dioses" hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628), mezclando en sus argumentos lo fabuloso y lo histórico, lo real y lo ficticio. Aparecen intercaladas también poemas y canciones. Su importancia no sólo reside en sus aspectos más o menos literarios, que asientan las bases de toda la narrativa y poesía japonesa posterior, sino también en sus valores antropológicos e históricos.

Kojiki está compuesto de tres libros (maki) o Partes:

- Primera Parte. La era de los Dioses: Aquí encontramos varios tipos de episodios repartidos en seis ciclos que son de tipo cosmogónico de inspiración taoísta, del ciclo mitológico de Yamato, del ciclo mitólogico de Izumo, de cesiones territoriales y episodios del descendimiento de los dioses a Japón respectivamente.

- Segunda Parte. La era de los Héroes. Formado por canciones y relatos míticos protagonizados por estos héroes (Yamato- tareku es el más importante) y deidades terrenales.

- Tercera Parte. La era de los hombres. Las historias están protagonizadas esta vez por mortales (emperadores y emperatrices) y suelen ser de temática amorosa y dramática.


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(extracto de la crítica)

... Y uno reflexiona un poco sobre lo que lee y en realidad Kojiki no es demasiado diferente a La Biblia, por ejemplo: historias que pudieron suceder mezclada con mitos, con sucesos mágicos, algunas de ellas con sabias moralejas, otras buscando fundamentar una dinastía (como sucede en La Biblia con la del Rey David, p. ej.), otras intentado explicar el nacimiento del mundo, de los elementos geográficos de la Tierra…

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Carne, de Eider Rodríguez

Extracto de la ficha realizada por Fermina Daza para Anika Entre Libros

CARNE
(Haragia)
Eider Rodríguez

Editorial 451 Editores
1ª Edición en 451 editores, 2008
© Texto y traducción de Eider Rodríguez
Género: Relatos cortos
157 Páginas

Ocho relatos cortos, independientes, pues presentan diferentes historias y personajes que tienen como nexo de unión el espacio geográfico en el que la autora los ubica y porque en ellos se conforman vidas singulares y ásperas en las que las decisiones personales parecen conducir a laberintos de difícil salida. Todos son carne de cañón... tal vez.

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(extracto de la crítica)

Eider cuenta la preocupación patológica por el físico, el consumismo como redención de vacíos espirituales, relaciones de poder abusivas entre jefes y empleados, amores que no saben entregarse, el ansia de poder y de dinero como fin, no como medio, la pobreza en la comunicación interpersonal, la vida de pareja como drama insoportable, la huida como solución... y más.

Leer Carne es encontrar todo lo anterior como narración aséptica, libre, sin retoques o manipulación por parte de la que los relata. Cuenta realidades que son como son, la vida no es siempre un cuento de hadas. Enfrentarse a ella es difícil pero necesario.

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jueves 29 de enero de 2009

De todo corazón, de Andreu Martín

Extracto de la ficha realizada por Pilar López Bernués para Anika Entre Libros

DE TODO CORAZÓN
(De tot cor, 2008)
Andreu Martín

Editorial Nowtilus
1ª Edición: 2008
Premio ALFONS EL MAGNÀNIM - Valencia
Traducción de Jordi Villaronga
Género: Novela policiaca
350 Páginas

El periodista Santiago Moltó, convertido en una farsa de lo que fue tras destapar un caso que salpicó al Gobierno, la Opocición y la Iglesia, está dispuesto a todo por recuperar su anterior estatus, volver a televisión, a los periódicos y tener en su mano las vidas de políticos, famosos y habituales de los programas televisivos de máxima audiencia.

Moltó es una sombra obesa, ebria, sin dinero, pero anuncia que tiene un “plan” que lo colocará de nuevo en su anterior estatus... No llega a concretar en qué consiste ese plan y pocos días después su cadáver aparece semi descompuesto en el miserable tugurio en el que vive.

La investigación del caso recae en el inspector jefe Miralles, que se apoya en dos parejas de agentes de su comisaría y en una periodista. El ambiente en el que se movió el muerto y al que deseaba volver les obliga a ponerse al día en cuanto a la prensa rosa y a examinar con ojo crítico esos programas de máxima audiencia en los que los famosos destapan sus intimidades y las de otros.

Esa investigación pone al descubierto el artificial mundo en el que viven muchos habituales de los medios, la poca profesionalidad de algunos periodistas papparazzi, la rapidez con que se pasa del estrellato al más humillante olvido... Rencores, chantajes, envidias, éxitos y fracasos, y, sobre todo, vidas artificiales cuyo único fin consiste en ganar dinero, van desfilando a medida que se investiga el caso.

Otros profesionales del periodismo, sin embargo, muestran una faceta distinta, seria y respetable.

Dos novelas basadas en el crimen de Moltó, escritas por sendos periodistas, se van mostrando al lector poco a poco, a medida que el narrador desvela la historia.

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(extracto de la crítica)

En el fondo, la obra es una crítica que pone al descubierto hasta qué punto algunos venden y otros compran auténticas barbaridades, ciertas o no, porque lo que importa no es la verdad sino la audiencia.

Andreu Martín ha sabido separar sabiamente a unos profesionales de otros; la obra no es una crítica general hacia el periodismo sino hacia un determinado sector y, de paso, nos recuerda que los programas más vistos son, en realidad, los menos importantes...

(...)

La novela engancha, se lee de un tirón y me ha parecido muy interesante por muchos motivos. Policías, entrevistadores, bellezas de quirófano o fracasados... Todos los personajes están muy logrados, muy en su papel y acordes con el entorno en el que se mueven y se desarrolla la novela.

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El Documento Saldaña, de Pedro de Paz

Extracto de la ficha realizada por Joseph B. Macgregor para Anika Entre Libros

EL DOCUMENTO SALDAÑA
(El documento Saldaña, 2008)
Pedro de Paz

Editorial Planeta
1ª edición: septiembre de 2008
Género: Thriller de aventuras
425 Páginas

Novela de intriga ambientada en el Madrid actual en torno a un documento que perteneció a un coleccionista de antigüedades apellidado Saldaña y cuya colección - un auténtico tesoro valorado en varios millones de euros - permanece escondida. El documento Saldaña aporta las pistas necesarias para encontrarlo.

Miguel Cortés es un buscavidas, sin oficio ni beneficio, que subsiste aceptando trabajos al margen de la legalidad al que un día le encargan la recuperación del documento Saldaña porque le ha sido sustraído a la persona que lo custodiaba. Así, se producen varias muertes de personas relacionadas de algún modo con el documento, A la par, otros personajes intentan desde diferentes frentes encontrar el documento: un sicario de la Mafia Rusa, Varela un catedrático de Historia del Arte de la Complutense o Lola Álvarez una chica que trabaja en una galería de arte y que terminará aliándose con Cortés en su investigación.

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(extracto de la crítica)

... Toda esta divagación – a modo de desahogo - viene bastante a colación, aunque no lo parezca, con la novela que acabo de leer: El documento Saldaña. Pienso que es una buena noticia la publicación de un libro como éste para el panorama español, lo mismo que lo son las historias de Matilde Asensi o Julia Navarro por ejemplo, o de Laura Gallego (en otro género, claro está). Y digo que son una buena noticia porque pienso que muchos de estos autores están haciendo una novela de género que aun bebiendo de escritores de éxito norteamericanos y europeos como Dan Brown, Preston y Child o Clive Cussler, realizan obras que no tienen absolutamente nada que envidiarles. En ese sentido, la novela parece haberle ganado la partida al cine desde hace bastante tiempo.

(...)


Es más en el caso de "El documento Saldaña" resulta poseer una base de documentación mucho más sólida – y por lo tanto convence eficazmente al lector - que muchas de novelas de más éxito internacional, y está mucho mejor escrita también. Si comparamos "El código DaVinci" con la de Pedro de Paz, estoy convencido de que la primera sale perdiendo por goleada porque tiene muchos más errores de documentación que esta novela, que en ese sentido presenta un acabado impecable. Sólo citaré como ejemplo la narración que uno de los personajes hace sobre el origen de los Huevos de Fabergé.

(...)

Aquí el héroe, que tiene más de anti-héroe o en todo caso es un looser, un perdedor, tiene la misma importancia que el peligroso sicario que trabaja para la Mafia Rusa. Al principio, cuando Cortés emprende la tarea de intentar encontrar el tesoro parece que sólo le mueven razones económicas, lo hace porque le van a pagar bien el trabajo… sin embargo un suceso inesperado le obliga a cambiar de postura y el asunto se convierte para él en un asunto personal. Lo dicho: un tipo que "mola" mucho.

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miércoles 28 de enero de 2009

Entrevista a Katherine Neville para Anika Entre Libros

Entrevista 347 de Anika Entre Libros

Entrevista a KATHERINE NEVILLE
(El Ocho, El Fuego)
Por Pilar Alonso

Veinte años después de publicar El Ocho, Katherine Neville regresa al ajedrez con la continuación: El Fuego.

La autora, inmersa en el proceso de promoción de este nuevo libro, ha viajado en dos ocasiones a nuestro país en los últimos meses, para atender a la multitud de medios que se han mostrado interesados en su nueva novela.

Nos hizo un hueco y contestó a casi todas nuestras preguntas para Anika Entre Libros.


(fragmento de la entrevista)


** Su novela bien podría haberse titulado “Veinte años después”, como la continuación de “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas. ¿Por qué ha hecho esperar tanto tiempo a sus lectores para la continuación de “El Ocho”?

Katherine Neville:

Bueno, la historia completa es muy larga y ya se la he explicado a todos los periodistas que me han entrevistado aquí en España. En resumen, era el propio libro el que debía buscar el momento apropiado y para mí fue cuando conocí a la segunda persona que entró en Bagdag tras el bombardeo de la ciudad. Bagdag fue el hogar de Al Jabir, el fundador de la escuela Islámica de alquimia.


** Esta novela, como ya sucedió con El Ocho, está perfectamente ajustada a los personajes y a los acontecimientos históricos, ¿una tarea difícil conjugar realidad y ficción y hacer que “todo cuadre”?

Katherine Neville:

Ahora mismo dispongo de muchas investigaciones sobre los hechos históricos, y encontré que había varios errores en libros históricos y biografías.

Tuve que ir a las fuentes originales, los diarios y documentos de la época, para encontrar la verdad. Y tengo un maravilloso editor.


** Los vascos juegan un papel importante en la trama de El Fuego. ¿Un homenaje a una tierra que parece conocer bien?

Katherine Neville:

El pueblo vasco es quizás la región de España que conozco mejor. Pasé mucho tiempo allí con mi marido Karl. Impartió muchas conferencias allí, y yo también.


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martes 27 de enero de 2009

Portafolio HADAS de Sergio Bleda


Una nueva iniciativa editorial en la que participa Sergio Bleda se ha puesto en marcha:

Se trata de la edición limitada y numerada de un portafolio que contiene media docena de reproducciones facsímiles de ilustraciones de hadas que ha realizado Sergio. Cada portafolio incluye, además, una de las reproducciones firmada.

La tirada del portafolio es solo de 200 ejemplares, y cuando esta se agote no habrá segunda edición, lo que hace que el producto sea algo más especial y exclusivo.

La edición de portafolios y tiradas limitadas es algo normal en países como Francia y Estados Unidos, pero en España es algo mucho menos frecuente. Por eso parece un apuesta muy interesante y valiente la que hace la editorial manchega Que Vayan Ellos con la edición de este portafoio de ilustraciones de hadas, impresas en un papel de calidad.

El precio de cada portafolio es de 20€ y se puede conseguir (más 3€ de gastos de envío) en la web de la editorial Que Vayan Ellos en este enlace: http://www.quevayanellos.com/sergiobleda/index.htm

Para saber más de Sergio Bleda
Sergio Bleda en Anika Entre Libros
Sergio Bleda Blog

lunes 26 de enero de 2009

FANFIC, VIEJOS AMIGOS caps. 12-20.

X-MEN

Capítulos 12 a 20

VIEJOS AMIGOS
Por Doctor Lecter

12. Relojes


Los dos se estrecharon la mano.

-Llámame Magnus.

-Charles va a unirse a nosotros-dijo Daniel.

-Es una buena noticia. Cuantos más mejor.

-Gracias a Charles ahora sabemos que lo que ponía nervioso a Isaac eran los uniformes, que le recordaban a sus torturadores del campo de concentración, no nosotros. Ahora que sabemos la causa podremos empezar a ayudarle.

-Parece que el nuevo empieza bien. Bien hecho, Charles. Ese niño necesita toda nuestra ayuda.

-Gracias, sólo hice mi trabajo.

-¿Alguien puede decirme qué hora es? Mi reloj se ha parado-dijo Daniel-Es la tercera vez esta semana.

Charles miró a Eric pero no dijo nada, y este le aguantó la mirada.

-Parece que el mío también se ha parado-dijo Charles.

-Yo no uso, lo siento-dijo Eric.

-No importa.

-Bueno, os dejo, tengo pacientes que visitar-dijo Eric-Charles, encantado de conocerte.

-Lo mismo digo.

Eric salió de la habitación y los dejó solos.

-No me ha parecido tan huraño como dijiste.

-Debes haberle caído bien. Será por Isaac. Está muy encariñado con él. Cualquiera que haga algo por el niño tiene su apoyo.

-Me alegra saberlo. ¿Significa eso que el que accidentalmente ocasione algún daño a Isaac figurará en su Lista Negra para siempre?

-Sí. Ya ha pasado en dos ocasiones, por desgracia. Isaac es alérgico a los analgésicos. Una enfermera no lo sabía y el niño casi muere asfixiado. Eric habló cinco minutos con ella y cuando salió de su despacho estaba llorando. En otra ocasión una enfermera le dio una bofetada a Isaac durante uno de sus ataques. Eric la agarró de la muñeca y le dijo que si volvía a hacerlo le haría sentir en su propia piel lo que era estar en un campo de concentración.

-Vaya.

-Sí. Más vale que no lo cojas en uno de sus días malos.

-Tomo nota. Por cierto, ¿qué vas a hacer con los uniformes y las batas?

-Pediré que me los envíen de otro color. Quizá azul. Vaya, mi reloj ya anda. Qué curioso.

Charles se miró el suyo. También funcionaba.

-¿Te pasa muy a menudo? Que se te pare el reloj.

-Pues de verdad es que me ocurre varias veces a la semana. Es un hecho bastante extraño.

Charles quería preguntarle si siempre le ocurría cuando Eric estaba cerca, pero ya sabía la respuesta.

-A veces pienso que es él el que lo provoca, además de otras cosas, pero no me atrevo a preguntárselo. Tengo miedo de que la tome conmigo.

-Es lógico.

-Quizá si consigues hacerte amigo suyo te lo diga.

-Sí, tal vez.

-Si quieres su amistad, no lo llames Eric. Nunca.

-¿Por qué?

-No le gusta. Prefiere que le llamen Magnus. Es su segundo nombre.

-Pero tú antes le llamaste Eric.

-Si le caes bien y tiene un buen día, puede que te lo pase por alto, pero no abuses de tu suerte.

-Trataré de recordarlo.

-Y ahora sígueme, te presentaré a tus primeros pacientes.


13. Electroestática.


-¿Puedo sentarme?-le preguntó Charles a Eric.

Eran las dos de la tarde y estaban todos en el comedor. Eric estaba sentado en una mesa aparte, solo, y Charles puso su bandeja frente a él.

-Tú mismo, pero estás cometiendo un error.

-¿Por qué?

-Soy como la oveja negra de la familia. Si te ven comiendo conmigo tu reputación caerá en picado.

-Me da igual, eso son tonterías.

-Espero que sigas pensando lo mismo dentro de unos meses.

-Daniel me ha dicho que has tenido problemas con algunas enfermeras.

-Admito que he sido muy duro con ellas, pero no lo lamento. Si hay algo que no tolero es la incompetencia. Y me da igual lo que piensen. No he venido aquí a hacer amigos, si no a ayudar a todos los pacientes que pueda.

-Estoy de acuerdo. Y hablando de pacientes, ¿qué tal está Isaac?

-Mejor. Isaac no habla mucho, pero hoy me ha preguntado por ti.

-¿En serio?

-Sí. Me ha preguntado por el hombre calvo.

Los dos sonrieron.

-No sé lo que le has hecho, pero me alegro de que lo hicieras.

-Lo importante es que algún día se recupere.

-Sí.

-Eric...

-Magnus.

-Sí, perdona, Magnus. Daniel me dijo que estuviste en Brunau.

Eric frunció el ceño.

-Daniel habla demasiado.

-Me parece admirable que utilices tu experiencia allí con los pacientes de este hospital.

-Algún beneficio tenía que sacar de aquellos años. Sólo quiero ayudar en todo lo que pueda-dijo Eric, quitándole importancia al asunto. Cogió su cuchara y empezó a frotarla con el pulgar.

-¿Qué haces?

-Es un pequeño truco que aprendí hace mucho tiempo.

Siguió frotando la cuchara durante unos diez segundos y luego la puso sobre la mesa. Su cuchillo y su tenedor empezaron a moverse levemente y luego se lanzaron hacia la cuchara, al igual que los cubiertos de Charles.

-¿Cómo has hecho eso?

-Electroestática. Cualquiera puedo hacerlo.

Sobretodo tú, pensó Charles. Sabía que Eric era un mutante, pero no quería decirle nada porque podría dejar de hablarle. Prefería esperar a que fuera él el que se lo dijera por su propia voluntad.


14. Gabrielle


Charles llevaba dos semanas trabajando en el hospital cuando Daniel lo llevó al ala norte, donde aún no había estado.

-¿Adónde me llevas, Daniel? Jamás he estado en esta parte del hospital.

-Ya llevas tiempo aquí, Charles, y has ayudado a muchos pacientes con tu don. Creo que ha llegado el momento que conozcas a alguien muy especial.

-Cuánto misterio. Me intrigas, ¿quién es?

Ambos se detuvieron ante una habitación.

-Ahora la conocerás-Daniel abrió la puerta con una llave que sacó de su bolsillo y Charles vio a alguien tumbado en una cama. Era una chica de unos veinticinco años. Charles pensó que estaba durmiendo, pero se acercó y vio que tenía los ojos abiertos, clavados en el techo. Pero no parpadeaba.

-¿Qué le pasa?

-Está catatónica. Charles, te presento a Gabrielle Haller. Según nuestros archivos, estuvo en Bergen-Belsen de 1942 a 1945. Las tropas aliadas la encontraron en un calabozo lleno de cadáveres putrefactos, y vestida con arapos mugrientos. Cuando la sacaron de allí ya estaba así. Lleva con nosotros seis años, Charles, y en todo este tiempo no ha dicho una palabra ni se ha movido un centímetro. Es el peor caso de todos. Si tú no puedes ayudarla, no hay nadie que pueda. Tómatelo como un desafío.

-Pobrecilla-se lamentó Charles-Según lo que me has dicho, sería una adolescente cuando terminó la guerra.

-Sí, así es. Sólo una cría.

Charles le acarició la frente. Gabrielle ni se inmutó.

-¿Cómo la alimentáis?

-Por vía intravenosa. No hay otra forma. No conseguimos que trague. ¿Aceptarás ayudarla?

-Por supuesto, me dedicaré plenamente a ella.

-Bien. Charles, tienes que prometerme que no hablarás de ella con nadie.

-¿Por qué?

-Es un tema delicado. Sólo Eric y yo sabemos que está aquí.

-¿Qué?

-Lo que has oído. Nadie más puede saberlo.

-¿Por qué?

-Por su propia seguridad.

-No entiendo lo que me estás diciendo.

-Ahora tengo que atender a unos pacientes, ya hablaremos más tarde, ¿de acuerdo?

-Está bien.

-¿Tengo tu palabra de que sólo hablarás de ella conmigo o con Eric?

-Sí, claro.

-Bien, te dejo.

-Me pondré ahora mismo con ella.

-Está bien, toma la llave. Cierra cuando salgas.

-De acuerdo.




Cuarenta y cinco minutos más tarde Charles se reunió con Daniel en su despacho.

-Dios mío, Charles, tienes muy mala cara. Parece que hayas estado una semana sin dormir. ¿Qué ha pasado?

-Es peor de lo que me contaste-dijo, dejándose caer en el asiento-Su mente es un caos. Revive continuamente las torturas y sufrimientos del campo. Lo he visto y es espantoso.

-¿Pudiste llegar a ella?

-Sí, en un par de ocasiones, pero huyó de mí. Está confusa y desorientada. Pueden pasar semanas e incluso meses antes de conseguir que confíe en mí. Está perdida en su propia mente, Daniel. Será una ardua tarea si no quiere que la encuentre.

-Confío en tu capacidad para hacerlo. Sé que tarde o temprano harás que se acerque a ti.

-Eso espero. Por su propio bien, eso espero.




Aquella noche Eric estaba de guardia y Charles se quedó a hacerle compañía. Hicieron juntos la ronda y luego Eric lo llevó a su habitación.

-Hoy he encontrado algo en el sótano.

-¿El qué?

Eric lo sacó de debajo de su cama. Era un viejo tablero de ajedrez con las casillas muy descoloridas y una caja con las piezas, algunas de las cuales estaban rotas y desgastadas.

-Ya que vamos a estar aquí hasta primera hora de la mañana, ¿qué tal si nos distraemos un poco?

-Me parece una idea excelente-dijo Charles sonriendo.

Fueron al comedor y Charles dispuso las piezas sobre el tablero.

-Tengo entendido que ya has conocido a nuestra paciente más ilustre-dijo Eric, moviendo una pieza.

-Así es. ¿Es cierto que no se ha movido ni hablado en estos seis años?-Charles movió un peón.

-Desgraciadamente así es. Es como si estuviera muerta, salvo que no lo está. Era muy joven cuando la metieron en Bergen-Belsen y al final su estancia allí le pasó factura.

-Pero tú sobreviviste, y eras más joven que ella.

-El Holocausto afectó más a unas personas que a otras. Algunos no pudieron soportar las torturas y murieron. Otros sobrevivieron y no sufrieron ninguna consecuencia, parecen gente corriente. Otros se derrumbaron, como Gabrielle.

-¿Pero nadie ha conseguido hacerla reaccionar? Me parece increíble.

-Está muy metida dentro de sí misma.

Y que lo digas, pensó Charles.

-Está catatónica, y a los catatónicos es muy difícil, por no decir imposible, hacerles recuperar la consciencia.

-Pues yo no me voy a rendir. Si es necesario me dedicaré en cuerpo y alma a ella-Charles enrocó a su rey.

-Hasta ahora, ni yo, ni Daniel, ni los pocos médicos que sabían de su estancia aquí pudimos hacerla reaccionar. Tal vez tú consigas algo.

-Gracias. Daniel me ha dicho que su estancia aquí es un secreto. ¿Por qué?

Eric sonrió, enigmáticamente.

-Hoy fui yo el que la bañó. Te recomiendo que mañana seas tú el que lo haga. Es una experiencia que une mucho al médico con su paciente.

-¿Qué tiene eso que ver con...

-Cuando lo hagas, volveremos a hablar.

Charles pensó en leerle la mente, pero al final no lo hizo. Creyó que sería mejor averiguarlo por sí mismo.

Eric le comió la reina.

-Estás distraído, Charles. Jaque.

-Es lo que parece, pero las apariencias suelen engañar-Charles movió su alfil-Jaque mate.

-Diablos, ni que me hayas leído la mente.


15. El secreto de Gabrielle


Charles entró en su habitación y se acercó a ella.

-Hola, Gabrielle, ¿qué tal estamos hoy?

Nada. Ella siguió inmóvil, mirando el techo.

-¿Te apetece darte un baño? Eso te sentará muy bien, créeme. Tomaré tu silencio como un sí.

Charles la cogió en brazos y su cabeza cayó hacia atrás, como si estuviera muerta.

-Vamos, Gabrielle, ayúdame un poco.

Pero ella no reaccionó.

Charles la sentó en el retrete y apoyó su espalda contra la cisterna para que no se cayera. Le llenó la bañera y cuando el agua estuvo templada le quitó el camisón y la metió dentro con suma delicadeza.

-¿Quieres cerrar los ojos ?Voy a lavarte el pelo.

Pero no lo hizo, así que tuvo que bajarle él los párpados.

-Esto es muy relajante, ¿verdad?-dijo, mientras le frotaba el cabello-Lo sería más si te lo hicieras tú misma.

Ella ni se inmutó.

-¿Sabes? Tienes un cabello precioso-Charles le echó agua en el pelo para quitarle la espuma-¿Nunca te lo han dicho? Seguro que sí. ¿Pero les has respondido?-Silencio-¿Quieres responderme a mí? Si sigues con los ojos cerrados es un sí, y si los abres un no, ¿qué te parece?

Gabrielle no abrió los ojos.

Charles sonrió.

-Bien, entonces estamos de acuerdo.

Charles le abrió los ojos y la inclinó hacia delante para lavarle la espalda, y entonces se detuvo en seco.

-Dios mío.

Gabrielle tenía un gran tatuaje que le ocupaba casi toda la espalda. Parecía una especie de... de mapa.

Charles llamó mentalmente a Daniel y le pidió que viniera cuanto antes.

Daniel se presentó cinco minutos después.

-¿Qué ocurre, Charles? Me has dado un susto de muerte al hablarme en mi cabeza-entonces vio a Gabrielle y el tatuaje, y lo comprendió.

-Ayer le pregunté a Eric por qué la estancia de Gabrielle aquí era un secreto, y me dijo que la bañara, y que entonces lo entendería. ¿Guarda relación con este tatuaje?

-Sí. Es hora de que lo sepas todo. A Gabrielle la están buscando.

-¿Que la buscan? ¿Quién?

-Los nazis.

-¿Los nazis? ¿Qué nazis? La Guerra terminó hace muchos años.

-Que la Guerra terminara no significa que los nazis desaparecieran con ella. Hay muchos nazis que escaparon. Y estoy seguro de nunca desaparecerán del todo.

-Está bien. ¿Por qué la buscan?

-Por ese tatuaje. En realidad es un mapa.

-¿Un mapa que lleva adónde?

-A un tesoro, claro.

-¿Qué tesoro?

-¿Cómo crees que Hitler financió su campaña en Europa?

-¿Es el tesoro de Hitler?

Daniel asintió con la cabeza.

-Cada vez que Hitler conquistaba un país se incautaba de todo el oro y dinero que hubiera en él, y lo utilizaba para su campaña europea, para armamento sobretodo y también para su seguridad personal.

-Entiendo. ¿Entonces el mapa indica el lugar en el que Hitler escondió toda su fortuna?

-Sí, así es.

-Pero no sale ningún nombre en el mapa.

-El que se lo tatuó no era estúpido, Charles. Se aseguró de que el tesoro fuera a parar a alguien lo suficientemente inteligente como para descifrar el mapa.

-¿Tú sabes descifrarlo?

-Sí. Para ver el camino necesitas un espejo y que sea de noche.

-Vaya, ahora comprendo que ocultes su estancia aquí.

-Es de vital importancia que los nazis no sepan dónde buscar. Prefiero que sólo unos pocos sepamos que está aquí. Si lo supiera mucha gente, se correría el rumor y podrían venir.

-No te preocupes. Tienes mi palabra de que no se lo contaré a nadie.

-Lo sé. Por eso te lo he contado. Porque confío en ti.

-Gracias, significa mucho.

Daniel volvió al trabajo y Charles terminó de bañarla.



16. Un atisbo de ira


-Le he visto la espalda-dijo Charles moviendo su torre.

Era mediodía y estaban jugando al ajedrez después de haber comido. Habían convertido sus partidas en una costumbre y cada vez que tenían un rato libre se retaban a aquel combate intelectual, que casi siempre acababa con la victoria de Charles.

-¿Has hablado con Daniel?

Los dos hablaban en voz baja porque había gente a su alrededor.

-Sí, me ha contado la historia. Parece algo sacado de un libro de aventuras.

-Pero es real. Y que tú lo sepas ahora también te pone en peligro.

-Asumo el riesgo-Charles le comió un caballo-¿Alguna vez ha venido alguien preguntando por ella?

-Nunca, y esperemos que siga así. ¿Qué tal te va con ella?

-Sigue como siempre. No he conseguido ninguna reacción. No sé si algún día lo conseguiré.

-Tienes todo el tiempo del mundo.

-A veces me pregunto si siente algo.

-No, no siente nada.

-¿Qué?

-Antes de que yo viniera hubo un médico que pensó que estaba fingiendo. No sé si sabes que los catatónicos no reaccionan ante ningún estímulo, ni siquiera ante el dolor.

-Sí, lo sé.

-Pues este médico le clavó una aguja en el brazo y la movió un poco. Y como Gabrielle no se inmutó, se dio cuenta de que no estaba fingiendo.

-Conozco casos de catátonicos que salieron de su estado después de varios años. No pierdo la esperanza con Gabrielle.

-La esperanza es lo último que hay que perder, Charles, créeme-Eric se quedó con su torre.

-Ojalá muchos pensaran como tú.

-Si todos pensáramos lo mismo sería muy aburrido, ¿no crees?

-Sí-Charles sonrió-Quizá tengas razón.

En aquel momento un médico y una enfermera pasaron por su lado.

-¿Ya te has enterado, Claire? Han capturado a unos mutantes en Texas y los han ahorcado.

-¿En serio?

-Sí, por fin alguien inteligente que ha hecho lo correcto. ¿Sabes? Espero que no tarden en hacer lo mismo con todos esos monstruos. Esos son peores que los nazis. No sé qué haría si me encontrara con uno. Si estuviera en la misma habitación con una de esas cosas...

Entonces Eric se levantó y se interpuso en su camino.

-¿Qué harías, Paul?

-¿Eh?-exclamó Paul, temeroso de la forma en la que lo miraba Eric-¿Qu... qué?

-Si estuvieras en la misma habitación que un mutante, ¿qué harías?

Paul lo miró sin comprender, asustado.

-¿Cómo sabes que en este hospital no hay ninguno?¿Cómo sabes que tu novia no lo es?¿No dices nada?

-Paul-dijo Charles-¿No tienes unos pacientes que atender?

-S... sí.

-Bien, pues ve con ellos.

-Está... está bien-Paul y Claire se fueron de allí con el paso apurado.

Paul iba a abrir la puerta del comedor, pero antes de que lo hiciera esta se abrió de pronto, golpeándole en toda la nariz-¡Ah, mi nariz!

Se llevó las manos a la nariz y vio que estaban llenas de sangre.

-Creo que te la has roto-dijo Claire-Vamos a la enfermería, rápido.

Entonces Eric se sentó, con una ligera sonrisa.

-Bueno, ¿a qué ha venido eso?

-Lo siento, pero no soporto a los fascistas.

Lo que Eric no soportaba era a la gente que discriminaba y atacaba a los mutantes. A mutantes como él.

-¿Estás a favor de los mutantes?

Charles notó que se ponía tenso.

-La cuestión no es si estoy o no a favor de los mutantes, sino que nadie se merece que lo acosen o ataquen por el hecho de ser diferente. Es algo que no soporto, y sé de lo que hablo. Lo he vivido en mis propias carnes.

¿Quién me está hablando?, pensó Charles, ¿Eric el judío o Eric el mutante?

-No te preocupes, yo también simpatizo con los mutantes.

-Yo no simpatizo con los mutantes-replicó Eric.

Charles captó su miedo.

-Está bien, está bien, tranquilo. ¿Por qué no seguimos con la partida?

-Será lo mejor.

Mientras la terminaban en un profundo silencio, Charles se preguntó si algún día Eric haría algo más que romperle la nariz a un no mutante. Al fin y al cabo tenía mucho carácter y si perdía los estribos...


17. En la mente de Gabrielle


Charles estaba en medio de un bosque y una leve bruma le llegaba a las rodillas. Miró a su alrededor y se sintió desorientado. No tenía ni idea de dónde estaba. Entonces escuchó el ladrido de unos perros y a unas personas gritando en alemán. Debían ser soldados, pensó. Luego oyó pasos de gente corriendo, y Charles no tardó en verla.

Era una chica rubia con la ropa sucia y deshilachada que corría con todas sus fuerzas. Era Gabrielle a los 15 años.

-Me van a coger-dijo alguien a su lado, con tristeza.

Charles volvió la cara y vio que era Gabrielle, la Gabrielle adulta.

-¿Gabrielle?

-Me van a coger.

-¿Qué?

-Mira-le señaló ella.

Charles observó en silencio.

La Gabrielle quinceañera giró la cabeza hacia atrás un segundo y entonces tropezó con un tronco cruzado en su camino y rodó por el suelo. Cuando trató de levantarse ya era demasiado tarde. Los nazis, con los perros, aparecieron a unos cien metros. El soldado que llevaba a los perros soltó la correa y estos se abalanzaron sobre ella, mordiéndole las piernas. Empezó a gritar y los soldados se rieron. El soldado de los perros silbó para que volvieran. Otro soldado dijo algo y los demás se rieron. Se acercó a Gabrielle y le dio un golpe en la cabeza con la culata de su escopeta. Otro soldado la cogió y se la puso sobre el hombro y se la llevaron de vuelta al campo de prisioneros.

Charles sintió una profunda tristeza por Gabrielle.

-Trataste de escapar-Charles se volvió pero la Gabrielle adulta había desaparecido-¿Gabrielle?

Un segundo después, Charles se encontró en el mismo campo de prisioneros, rodeado de un millar de judíos. Sobre una especie de escenario había tres soldados y Gabrielle estaba frente a ellos, aterrorizada.

-Me va a doler-dijo la Gabrielle adulta, a su lado-Mucho.

-¿Qué te van a hacer?

-Mira.

Uno de los soldados estaba gritando algo a los judíos. No sabía lo que decía, pero tenía la certeza de que iban a castigar a la joven Gabrielle por su intento de fuga. Algo que serviría a los demás prisioneros para que no trataran de hacer lo mismo.

Los otros dos soldados obligaron a la joven Gabrielle a ponerse de rodillas y le ataron las manos a la espalda. Ella empezó a sollozar y a suplicar que no le hicieran daño, pero los tres soldados la ignoraron. A una orden del soldado que había hablado, uno de los otros soldados le agarró las manos y se las subió de golpe, y Gabrielle chilló como nunca lo había hecho hasta ahora.

Le habían dislocado los hombros.

El primer soldado le dio una patada en la cara y perdió la consciencia. Otro soldado la cogió y se la llevó a su celda.

-Te dislocaron los hombros.

-Sólo fue el principio-la Gabrielle adulta se volvió para marcharse pero Charles la cogió de la muñeca.

-Espera. Gabrielle, no huyas. ¿Sabes quién soy?

-Sí. Eres amigo de Daniel.

-Nos oyes hablar-dijo Charles, sorprendido.

Ella asintió.

-Entonces sabrás que quiero ayudarte.

-No puedes. Nadie puede ayudarme.

-Gabrielle, tienes que despertar. Tienes que salir de este bucle de dolor y torturas.

-No puedo. Esta es la vida que conozco. Es lo único que tengo.

-En el mundo real tienes amigos que se preocupan por ti. Por favor, déjame ayudarte a salir de aquí.

Gabrielle meneó la cabeza y se soltó de su mano.

-Sé que estás asustada, pero puedes confiar en mí.

-No. No puedes ayudarme. ¡Nadie puede ayudarme!-Gabrielle lo empujó y se alejó corriendo.

En la habitación del hospital, Charles se cayó de su silla y abrió los ojos.

Estaba sudando.


18. El chico


Charles y Daniel entraron en la habitación de Gabrielle.

-Nos oye, Daniel. Nos oye en todo momento.

Daniel examinó las pupilas de Gabrielle en una pequeña linterna.

-¿Estás seguro?

-Sí, completamente. Pude hablar con ella, aunque por poco tiempo, pero me lo confirmó.

-Esa es una gran noticia. Siempre creímos que los catatónicos no eran conscientes de lo que los rodeaba. Obviamente nos equivocábamos.

-Sí. Daniel, dime una cosa. ¿Sabes algo del pasado de Gabrielle aparte de lo que me contaste el otro día?

-¿A qué te refieres?

-A su etapa en el campo de prisioneros.

-Bueno, sé que sus padres murieron de tuberculosis en el campo.

-¿Sabes si trató de huir?

-¿Huir? Lo ignoro. ¿Por qué lo preguntas?

-He visto algunas cosas que me han hecho dudar y no sé si son recuerdos o ilusiones creadas por su mente torturada.

-Bueno, tú dime lo que viste y yo trataré ayudarte en la medida de lo posible.

Charles le contó lo de su huída por el bosque y su posterior captura y castigo delante de todos los prisioneros.

-¿Y dices que le dislocaron los hombros?

-Sí, estoy seguro porque reconocí la técnica. Es la misma que utilizaban los japoneses con los prisioneros americanos.

-Pues si te digo la verdad, creo que lo que viste le ocurrió realmente. Cuando la trajeron le hice unas radiografías y vi unas leves fisuras en la articulación del hombro.

-Entonces está reviviendo sus recuerdos-dijo Charles, pensativo-Gracias por tu ayuda, Daniel.

-¿Has conseguido algún avance?

-Bueno, sigue sin querer que la ayude, pero esta vez pude hablar más tiempo con ella. Creo que con unas cuantas sesiones más podré conseguir algo.

-Bien. Sigue así-Daniel se acercó a Gabrielle y le acarició la frente-Gabby, por favor, vuelve con nosotros.

La puerta se abrió y entró Eric.

-Oh, estáis aquí. Charles, te estaba buscando. Necesito tu ayuda.

Es urgente, se dijo Charles. Ha ocurrido algo.

-¿Qué pasa?-preguntó Daniel, con seriedad.

-Han encontrado a un chico en la playa, cerca del puerto. Dicen que está inconsciente.

-Está bien, traedlo lo más rápido posible. Tendré preparada una camilla.


19. Cristales


El chico estaba tumbado en el suelo y alguien lo había tapado con una cazadora de lana. Charles y Eric se abrieron paso entre el gentío y se arrodillaron junto al chico.

Tendría unos quince años y efectivamente estaba inconsciente. Y desnudo.

-¿Dónde está su ropa?-preguntó Charles.

-No tenía-dijo uno de los marineros-Estaba desnudo y hecho un ovillo en un hoyo, allí en la playa.

-¿Usted lo encontró?

-Sí. No le he mentido, señor, estaba tal y como le he dicho. No fui yo el único que lo vio así.

Charles y Eric intercambiaron una mirada.

-¿Ya estaba inconsciente?

-Sí, señor. ¿Se pondrá bien?

-No lo sé, señor...

-Ebeinstein. David Ebeinstein.

-Bien, señor Ebeinstein. No sé si se pondrá bien. Cuando lo llevemos al hospital podremos averiguarlo. ¿Dónde dice que lo encontró?

El marinero extendió el brazo y señaló con el dedo índice hacia la izquierda.

-Gracias.

Charles y Eric se encaminaron hacia allí después de pedirles a los marineros que se quedaran un momento con el chico mientras examinaban el lugar.

-¿Qué esperas encontrar allí, Charles?

-No lo sé, pero me parece muy extraño que un chico aparezca desnudo, inconsciente y hecho un ovillo en un hoyo de la playa. ¿De dónde habrá podido salir?

-Creo que esa no será la única pregunta que quede sin respuesta. Mira.

Frente a ellos encontraron el hoyo. Tenía un par de metros de diámetro y una profundidad de unos treinta centímetros, pero lo más extraño era que todo él parecía brillar.

-¿Qué diablos es eso?-preguntó Eric, desconcertado.

-Son cristales-dijo Charles, arrodillándose, cogiendo un puñado y dejándolo caer entre sus dedos.

-¿Cristales? ¿Y cómo han llegado hasta aquí?

-¿Sabes cómo se forman los cristales, Magnus?

-No, pero creo que lo sabré dentro de un instante.

Charles sonrió.

-Los cristales se forman a partir de la arena cuando esta se somete a una muy alta temperatura. Por ejemplo, si un rayo cae en la playa, en el punto de impacto aparecen cristales.

-Entiendo. ¿Estás diciendo que cayó un rayo y apareció él?

-No-dijo Charles, meneando la cabeza-No ha llovido desde hace semanas, así que no ha podido caer ningún rayo. No sé lo que ha podido pasar.

-Parece sacado de un cuento de ciencia-ficción, ¿verdad?-bromeó Eric, palmeando la espalda de su amigo-Un chico surgido de la nada, desnudo y donde apareció se produjo una elevadísima temperatura que formó cristales.

-Tiene que existir alguna explicación.

-Y tú la encontrarás. Estoy seguro. Ahora llevémonos al chico al hospital.

-Sí, será lo mejor.

Charles le agradeció al señor Ebeinstein que se hubiera quedado con el chico y le aseguró que harían todo lo posible para ayudarle.

Los marineros empezaron a dispersarse y Charles y Eric se prepararon para subirlo a la ambulancia cuando abrió los ojos y miró a Charles.

-Papá-dijo, y volvió a perder el conocimiento.


20. El ala norte


Lo llevaron al hospital y Daniel estuvo una hora haciéndole pruebas, pero no encontró nada fuera de lo corriente.

-Todo parece estar bien. Ni manchas oscuras en las radiografías, ni problemas con los órganos... Nada que explique su estado. ¿Podéis decirme algo sobre él?

-Estaba desnudo-dijo Charles-Ni ropa, ni cartera... nada.

-¿Alguien le conocía?

-Nadie sabe de dónde salió.

-Dile lo del hoyo-intervino Eric-Seguro que alucina.

Charles le contó lo del hoyo y los cristales.

-¿Me está diciendo que este chico...

-Llamémosle John Doe-apuntó Eric.

-Está bien, ¿que este John Doe salió de una bola de fuego?

-No sé de dónde salió-respondió Charles-pero espero averiguarlo pronto.

-Bien. Sé que lo harás. ¿Algo más?

-Antes de traerlo abrió los ojos y me llamó "papá". Creo que fue debido al shock que le produjo perder el conocimiento. Es comprensible.

-Está bien. Vosotros volved al trabajo. Yo llevaré a John Doe al ala norte.

-¿Con Gabrielle?-preguntó Eric.

-Sí. Son dos casos especiales y quiero que estén juntos.

Daniel empujó la camilla y se alejó por el pasillo.







Dos días después Charles acompañó a Daniel en su ronda diaria.

-Bueno, ¿qué tale está John Doe? ¿Has podido entrar en su mente?

-Pues la verdad es que no-confesó Charles-Hay una especie de barrera en su mente que me impide penetrar en ella.

-Vaya, sí que es extraño. ¿Te había pasado alguna vez?

-Nunca. Estoy tan sorprendido como tú. Cada día que pasa el misterio en torno a ese chico no hace más que aumentar.

-Tiempo al tiempo, Charles. Y hablando de misterios... ¿qué tal te va con Eric?

-Oh, muy bien. Es como si nos conociéramos de toda la vida y respondiendo a tu pregunta, sí, es un mutante. Sé que quiere contármelo. Lleva varios días pensando en ello, pero teme que lo rechace.

-¿Es que no le has dicho que tú también lo eres?

-No y no lo voy a hacer. Tiene que ser él el que dé el primer paso. No voy a hacerlo todo yo. Hasta que lo haga yo no le diré lo mío.

-Pues suerte.

Estrenamos FANFIC, VIEJOS AMIGOS caps. 1-11.

X-MEN

VIEJOS AMIGOS

Por Doctor Lecter

1. Viejos amigos

El hombre del abrigo negro vaciló ante la entrada del hospital y se preguntó qué demonios hacía allí.
Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron, y la despedida no había sido agradable, pero allí estaba, preocupado por lo que le había ocurrido a su viejo amigo. Aunque estaban en bandos opuestos, existía un lazo invisible que los unía. Un lazo irrompible.
¿Pero querría verle? Eso esperaba.
Finalmente se decidió y traspasó la entrada del hospital.
Cuando pasó por el detector de metales, este vibró durante un instante. Aquello era debido al campo magnético que emanaba su cuerpo, mucho más potente que el de cualquier ser humano normal.
El guardia de seguridad le miró, extrañado.
Él le sonrió.
-Estos aparatos nunca funcionan como deberían.
-Sí-dijo el guardia, por rellenar el silencio. Había algo en aquel hombre que, por alguna extraña razón, le hacía sentirse incómodo.
El hombre del abrigo negro se acercó al puesto de información y se quitó el sombrero.
La enfermera que estaba tras el mostrador pensó que aún era joven para tener el peno tan canoso.
-¿En qué puedo ayudarle?-le preguntó, solícita.
-He venido a visitar a un amigo. Se llama Xavier. Charles Xavier.
-Ah, sí, pobre hombre. Tenía las piernas destrozadas cuando ingresó hace seis meses.
-Eso me han dicho. ¿Puede decirme cuál es su habitación?
-La 271, pero ahora no está en ella. Está con el doctor Marvin, paseando por el terreno que hay detrás del hospital.
-¿Paseando?
-Bueno, usted ya me entiende.
-Sí. Gracias, señorita-se encaminó hacia la puerta, pero la enfermera lo llamó.
-Espere, tengo que anotar todas las visitas que reciben los pacientes. ¿Cuál es su nombre?
-Oh, no tiene importancia-dijo él, sonriendo y poniéndose de nuevo el sombrero-Sólo soy un viejo amigo.


Charles Xavier iba en una silla de ruedas muy aerodinámica: era motorizada, apenas emitía un ligero zumbido, era metálica de color amarillo y se deslizaba por el aire, a veinte centímetros del suelo.
-Es el regalo de una amiga-dijo Xavier al doctor Marvin.
-¿Qué?
-La silla. Iba a preguntarme por ella.
-¿Cómo lo sabe?
Xavier guardó silencio durante un instante, con una media sonrisa en los labios.
-He visto la curiosidad en su rostro.
El doctor Marvin sonrió.
-Jamás había visto una silla así.
-Porque no existe otra igual en el mundo, doctor. Mi amiga es científica, doctor Marvin. Con esta silla no quiere que me falte de nada en mi actual estado.
-Debe ser una buena amiga.
-Lo es-se limitó a decir Xavier, pensando en Moira.
Fue su primer amor. Los dos se conocieron en la Universidad y se enamoraron. Xavier iba a declararse cuando lo llamaron a filas y tuvo que ir a la guerra. La 2ª Guerra Mundial. Y ya no hubo vuelta atrás. Cuando volvieron a verse ella lo rechazó sin darle ninguna explicación y eso lo destrozó. Entonces empezó a viajar por todo el mundo, prestando su ayuda a los que lo necesitaran. Hasta que tuvo el accidente.
Y ella, en vez de venir a verle, le enviaba aquella silla de ruedas automática. Hubiera preferido sentir su presencia a su lado antes que esta estúpida silla.
-Al menos parece haber aceptado que no volverá a caminar-dijo el doctor Marvin, devolviéndolo al presente.
- Acepto lo que me ha ocurrido, doctor, pero tengo fe en que algún día volveré a caminar.
-Xavier...
-No se moleste, doctor Marvin-dijo Xavier, con la mirada perdida entre los árboles que flanqueaban el camino-Todos los médicos de este hospital me han dicho lo mismo. Tengo las piernas inservibles, pero permítame conservar la esperanza al menos.
-Está bien, lo siento.
-Olvídelo. Y no, no dejaré que me las amputen.
El doctor Marvin lo miró, desconcertado.
-¿De qué está hablando?
-Usted cree que lo mejor sería que me amputaran las piernas, ya que la sangre no llega a mis miembros inferiores. Es lo que creen todos. Pero no pienso hacerlo. Son mis piernas y me gustan.
-Está bien, Xavier, tranquilícese, nadie va a cortarle las piernas.
-Ya lo creo que no-Xavier lo miró a los ojos, con el ceño fruncido, y se obligó a respirar hondo.
Cálmate, se dijo, no pierdas el control, recuerda lo que pasó la última vez.
Xavier se limitó a sonreír brevemente.
-Ahora me gustaría estar solo, si no le importa.
-Claro, claro, y yo tengo que atender a otros pacientes. Ya vendré a verlo más tarde.
Xavier se quedó allí varios minutos, pensando en el bueno del doctor. El doctor y sus colegas que querían cortarle sus piernas. Cuando pensaba en ello la desesperación le podía. Ellos, que querían arrebatarle la esperanza de volver a caminar, de volver a correr. Por Dios, si su caso no era el peor de todos. Xavier conocía casos en los que pacientes en peor estado que el suyo habían acabado andando de nuevo. Él lo había hablado con los médicos, pero se limitaban a intercambiar significativas miradas y a asentir con la cabeza, como si él no estuviera en sus cabales.
Ignorantes, pensó, pero ya verán, ya verán cuando se den cuenta de que están equivocados. Cuando me vean andar de nuevo entonces se darán cuenta.
Estaba pensando en todo ello cuando su silla se detuvo y cayó los veinte centímetros que lo separaban del suelo. Entonces se desplazó veinte metros hacia atrás y giró 180 grados.
-Eric.
-Hola, Charles-lo saludó su viejo amigo quitándose el sombrero.


2. Reencuentro

-Eres la última persona que esperaba que viniera a visitarme.
-Pensé que esa persona era tu querido hermanastro.
-Caín me envió una cinta de 45 minutos en la que se ríe todo el tiempo.
-Amor fraternal, ¿eh?-ironizó Eric.
-Sí.
Los dos se observaron durante largo rato.
-¿Qué haces aquí, Eric?
-Magnus-lo corrigió, poniéndose serio-Eric Lensher dejó de existir hace mucho tiempo.
Murió al mismo tiempo que su mujer, pensó Xavier, dando origen a Magnus.
A Magneto.
-Lo siento, ha sido un lapsus.
-Me he enterado de lo que te ha pasado y he venido a ver cómo estabas.
-Hace 15 años que no nos hablamos, Magnus. Corrijo, que tú no me hablas. ¿Y has escogido este momento para arreglar nuestra situación?
-A pesar de que estemos en bandos opuestos sigo preocupándome por ti. Hace siglos que nos conocemos y eso nunca cambiará.
Xavier lo miró fijamente, en silencio.
-¿Qué?¿Me estás leyendo la mente para comprobar si te estoy mintiendo?
-No-dijo Xavier-Sabes que no me gusta entrar en la mente de nadie sin su permiso. Además, me basta tu palabra.
-El mismo Xavier de siempre.
-Acompáñame a mi habitación, estoy cansado.
La silla se puso en marcha y Magneto caminó a su lado.
-¿Sigues pensando que los humanos merecen una oportunidad?
-Ya conoces mi postura sobre el tema.
-Eres un necio, Charles. Te empeñas en defenderlos, en protegerlos, en confiar en ellos, y esta es tu recompensa-dijo, señalando sus piernas-Oh, sé lo que ocurrió en el Tíbet. Estoy al tanto. ¿De qué sirve, Charles? Nos tienen miedo, nos llaman monstruos, quieren vernos muertos. Ellos son los auténticos monstruos y no se merecen nuestra compasión. El mundo sería un lugar mejor si todos ellos desaparecieran.
-¿Incluso Gabrielle?-replicó Xavier.
Magneto se calló.
-No, ella no. Es la única que merece la pena. La excepción que confirma la regla. Precisamente lo que le pasó debió abrirte los ojos, hacerte cambiar de idea sobre ellos. Pero no, seguiste en tus trece.
-Eran nazis, Magnus, no todos los humanos son como ellos. Ellos son la excepción. No debes juzgarlos a todos por unos pocos.
-¿Y por qué no? Ellos lo hacen con nosotros-Magneto meneó la cabeza-La tuya es una causa perdida, Charles. No me entra en la cabeza que estés de su parte. Nosotros somos el futuro, no ellos.
-En esto jamás nos pondremos de acuerdo. Será mejor que lo dejemos.
-No, yo no quiero dejarlo, Charles. Llevo 15 años pensando en ello. Gabrielle era tu novia y mi amiga y esos nazis la torturaron. ¡Casi la matan! Debiste dejar que acabara con ellos. Se lo merecían. Pero en lugar de eso utilizaste tus poderes contra mí, me traicionaste.
-¡Basta!-exclamó Xavier. Magneto se sintió repentinamente mareado y perdió el equilibrio. Tuvo que apoyarse en la silla de Xavier para no caerse-Matarlos no era la solución, Magnus. La muerte nunca lo es. Conseguimos reducirlos, que era lo importante.
-Otro arrebato como ese, Charles, y te desharás por fin de mí-dijo, con una ligera sonrisa.
-Lo siento.
-Me pregunto si habrías actuado igual si Gabrielle hubiera muerto.
Xavier sabía que no, pero por eso trataba de estar siempre calmado. El día que perdiera el control nadie estaría a salvo.
-¿A eso has venido, Magnus?¿A desahogarte?
-No, no.
Los dos entraron en la habitación y Xavier se volvió hacia él.
-¿Te importaría...?
-En absoluto.
Magneto lo subió a la cama y lo tapó con la sábana.
-Por cierto, me la encontré no hace mucho. A Gabrielle.
El corazón de Xavier se aceleró.
-¿Qué tal está?
-Bien. Se ha casado y tiene un hijo.
-Oh-a Xavier le costó asimilar que el segundo gran amor de su vida hubiera rehecho la suya-Eso está bien.
-¿No lo sabías?
-No he sabido nada de ella desde lo de Israel.
-Aquello lo cambió todo. Cuando terminó, cada uno se fue por su lado.
-Sí, así es.
-Pareces cansado.
Xavier no dijo nada.
-Te dejaré descansar.
-¿Volverás?
-Sí, cada día hasta que salgas de aquí.
-Gracias, viejo amigo.
Magneto le estrechó la mano y le dejó descansar.

3. Conversaciones frente al tablero

-Me gustaría saber cómo ha convencido al doctor Marvin para que lo apuntara a rehabilitación.
-Puedo ser muy persuasivo, John-dijo Xavier, sonriendo.
John era su fisioterapeuta, un joven de 28 años muy amable y simpático. John llevaba veinte minutos masajeándole las piernas. Cuando llegó al hospital tenía las piernas rotas por una docena de sitios, pero tras seis meses las fracturas se habían soldado y ahora ya podía empezar con la rehabilitación.
-Pues me alegra de que lo haya hecho. Si usted tiene fe en poder caminar de nuevo algún día, él no es nadie para quitarle sus sueños.
-Gracias, John. Eso mismo creo yo.
-Sí, amigo-dijo un hombre de unos cuarenta años que caminaba con un bastón-Si usted cree que puede hacerlo, es que puede hacerlo.
-Gracias-respondió Xavier.
-Ese es Jonathan-dijo John-De Kansas. Es granjero.
-¿Y qué hace un granjero en Nueva York?
-Está haciendo un curso de administración y finanzas. Un coche lo atropelló y le fracturó la tibia.
Xavier asintió con la cabeza, pero sabía que no era cierto.
A Jonathan no le atropelló ningún coche. La pierna se la rompió su hijo pequeño de un puntapié, accidentalmente. Porque su hijo, con sólo cinco años, poseía una fuerza sobrehumana. Y no era un mutante, sino... de otro planeta.
Vaya, vaya.
Diez minutos después John lo llevó a su habitación y Xavier vio que Magneto le estaba esperando con un paquete bajo el brazo.
-Siento haberte hecho esperar.
-No importa, llevo aquí sólo unos minutos. Te he traído algo para que te entretengas.
-Ya lo veo. ¿Qué es?
Magneto lo desenvolvió.
Xavier sonrió.
-Un tablero de ajedrez. Estupendo. Echaba de menos nuestras partidas.
-¿Sabes? Siempre tuve la sospecha de que me leías la mente. Por eso me ganabas tantas veces.
-Quizá deberías hacerte un casco especial que impida que vuelva a hacerlo-bromeó Xavier.
-Quizá lo haga. ¿Qué tal una partida?
-Claro. Escoge.
-Negras-Magneto colocó el tablero en la mesita en la que le servían a Charles la comida y empezó a colocar las piezas sobre el tablero. Xavier hizo el primer movimiento.
-Háblame del Tíbet-dijo Magneto.
-Pensé que estabas al tanto-dijo Xavier, con sarcasmo.
-Sólo me llegaron algunos rumores. ¿Es cierto que te enfrentaste a Lucifer?
-Sí-Xavier le comió una torre-Pero no era el Diablo, sino un alienígena enviado a la Tierra para conquistarnos. Tenía a todos los tibetanos esclavizados, así que me enfrenté a él y le vencí.
-¿En serio?-preguntó Magneto, enarcando las cejas.
-Sí. Pero pagué el precio: me destrozó las piernas.
Magneto se quedó con su caballo.
-También tengo una lesión en la médula-prosiguió Charles-, por eso durante estos seis meses mientras los huesos se soldaban, no sentía ningún tipo de dolor. Podrías clavarme un cuchillo en la pierna y no me enteraría.
-Lo lamento.
-Olvídalo.
-¿Tus piernas estaban muy mal?
-Sí. Al menos de las rodillas para abajo. Me fracturé las tibias por varios sitios. Al hacerlo me rompí las venas y arterias, y la sangre ya no llega a mis extremidades inferiores. Esa parte está muerta. Por eso los médicos quieren amputarme las piernas por debajo de las rodillas. Pero no voy a consentirlo.
-Bien. Al cuerno con ellos. Y al cuerno contigo. Jaque.
Xavier sonrió.
-Sabía que harías eso. Jaque mate.

4. Uno de los nuestros

-Es imposible-dijo el doctor Marvin, observando las radiografías.
-¿Qué ocurre, doctor?-preguntó Xavier desde su silla-¿Algún problema?
-Debe haber algún error. Es médicamente imposible.
-¿Qué les ocurre a mis piernas?
-Es un auténtico milagro. Sus huesos se han soldado.
-Doctor, llevo aquí seis meses. Los huesos ya se estaban soldando.
-Quiero decir que no hay ningún rastro de fractura. Eso como si no se hubiera roto las piernas. Y sus venas y arterias… están intactas. Es como si nunca se las hubiera destrozado.
-Eso es imposible, doctor Marvin.
-Lo sé, Xavier, yo tampoco me lo creo, tiene que haber alguna explicación lógica.
Xavier creía conocerla.

A las once John pasó a recogerle para su siguiente sesión de rehabilitación.
-¿Preparado para un poco de ejercicio, Xavier?
-Claro.
John empezó a masajearle los pies.
-Te estoy muy agradecido por lo que has hecho por mí-dijo Xavier de pronto.
-Olvídelo, es mi trabajo.
-Me refiero a mis piernas.
John dejó de masajearles los pies y le miró.
-No... no sé de qué me está hablando-dijo, con nerviosismo.
-John, deja de fingir. Sé que eres un mutante.
John le miró, asustado.
-Eso no es cierto, qué estupidez. ¿De dónde ha sacado semejante idea?
-Posees la capacidad de curar con tus manos desde hace un mes. Una noche saliste del cine con tu novia cuando un tipo os atracó. Ella no quiso darle el colgante que le habías regalado y le disparó en el estómago. Ella empezó a sangrar. Tú pusiste tus manos sobre la herida y le pediste a Dios que dejara de sangrar. Y la herida se cerró. Desde entonces tratas de ayudar con tu don a los pacientes más graves. Como mi caso.
-No sé cómo sabe todo eso, pero por favor, no me denuncie al Comité.
-¿Qué Comité?
-El Comité para la Pureza de la Raza Humana. No me denuncie, por favor, no he hecho nada malo-suplicó John, temblando de miedo.
-Tranquilo, John, no voy a denunciarte. Yo también soy un mutante.
-¿Lo es?-preguntó, sorprendido.
-Sí, y de los buenos, así que no tienes por qué preocuparte. Ahora háblame de ese Comité. Es la primera vez que oigo ese nombre.
-Han surgido hace poco, pero se han dispersado rápidamente por varias ciudades de Estados Unidos, como un virus, y están captando muchos seguidores. Odian a los mutantes y se creen superiores. Sé que han agredido brutalmente a mucho mutantes, y algunos de ellos incluso han muerto.
Xavier meneó la cabeza.
-Es lo que he temido durante muchos años, y ahora está sucediendo. Gracias por contármelo.
-No, gracias a usted. Con usted de mi parte siento que estoy a salvo. Y lamento no poder hacer más por usted. Hace poco que soy consciente de mis poderes y lo más difícil que he hecho hasta ahora es curar una fractura. Lamento no poder sanar su médula espinal.
Xavier le sonrió.
-Olvídalo. Ya has hecho más que suficiente. Y es algo por lo que te estaré eternamente agradecido.
Xavier le aconsejó a John que siguiera trabajándole las piernas para que no levantara sospechas, y se recordó que tenía que hablar del tema con Eric. Quizá supiera algo.

5. Jean

-¿Has oído hablar del Comité...
-... para la Pureza de la Raza Humana? Sí, se han cruzado unas cuantas veces en mi camino. ¿Por qué?
-Mi fisioterapeuta es un mutante y me pidió que no lo denunciase a ese Comité. Pensé que estaba al tanto de todo lo referente al tema mutante, pero hasta ahora no había oído hablar de ellos.
-Has estado años sin pisar Estados Unidos, Charles, viajando de aquí para allá, ayudando a tus homo sapiens, es normal que no hayas oído hablar de ellos. Además son muy listos. No son una turba de gente con antorchas que va tras los mutantes a plena luz del día. Están organizados y van por las ciudades dando mítines para convencer a la gente de que los mutantes son una amenaza, y están convenciendo a mucha gente. Esto es igual que el partido fascista de Hitler, Charles. Si sigue así, al final todos los mutantes serán perseguidos como lo fueron los judíos.
-¿Conoces a su líder?
-No, los líderes de los Comités de cada ciudad llevan una capucha roja que les cubre el rostro, pero da igual. Esto demuestra mi teoría sobre los humanos.
-Creo que te estás precipitando.
-Eres un necio, Charles-dijo Magneto, poniéndose de pie-Lo miras pero no lo ves. La guerra no tardará en llegar. ¿De qué parte estarás?¿Del suyo o del nuestro?
-Magnus, no hagas ninguna tontería.
-Tranquilo, Charles, yo tampoco quiero una guerra. Ya viví una, y no fue agradable.
-¿Qué vas a hacer?
-Aunque no te lo creas, Charles, tengo otros asuntos que atender aparte de venir a verte.
-No dejaré que hagas ninguna tontería-le advirtió su amigo.
-Lo sé, Charles. Ahora tengo que irme. Ya vendré otro día.


Aquella semana Xavier tuvo otra visita a parte de Magneto.
Estaba al aire libre en su silla cuando se lo anunciaron.
-Señor Xavier, ha venido alguien a verlo-le dijo la enfermera.
-¿Quién es?
-Dice que es un amigo suyo de la universidad.
-Dígale que venga.
Hizo muchos amigos en la universidad, pero sólo uno siguió siéndolo tras saberse que era un mutante. Una amistad que había perdurado hasta el día de hoy.
-Hola, Profesor.
Así es cómo le llamaban por aquel entonces.
Xavier hizo girar su silla y sonrió ampliamente.
-John Grey, me alegro de verte.
-Hola, amigo-John le estrechó la mano-Siento no haber venido antes, pero lo último que supe de ti es que estabas en Egipto.
-No importa, lo importante es que lo hayas hecho. Significa mucho para mí. A parte de ti sólo he tenido otra visita.
-¿De verás?¿Quién?
-Alguien que conocí en Israel. No le conoces.
-¿Cómo lo llevas?-le preguntó John, sentándose en el banco que había en frente de Xavier.
-Bien, dentro de lo que cabe. No me queda más remedio que asumirlo y seguir para delante.
-Cuando me enteré de lo que te había pasado, no me lo creía. ¿Por qué a las personas buenas les pasan siempre cosas malas?
-Gracias, John, eres muy amable.
-Mi mujer lloró por ti. Ella te aprecia mucho.
-Yo también a ella. Cuando la veas dale un abrazo de mi parte.
-Lo haré. Quería venir a verte, pero ya sabes, Jean...
-¿Cómo está tu hija?
-Deberías verla, Charles, es preciosa. Tiene 11 años, pero parece ya una mujercita.
Xavier lo miró fijamente.
-Cuéntamelo.
-¿Qué?
-Tú no has venido aquí sólo a ver cómo estaba. Quieres pedirme un favor. Es Jean.
Entonces John no pudo soportarlo más y se derrumbó.
-Dios mío, Charles, mi mujer y yo ya no sabemos qué hacer. Ahora mismo eres la única persona que puede hacer algo por ella. A Jean le ha pasado algo terrible.
-Cuéntamelo.
-¿No puedes leerme la mente?
-Prefiero que seas tú el que me lo diga. Hablar es una buena terapia.
-Está bien -John se frotó los ojos- Hace un año...

6. Jean, segunda parte

-Hace un año la mejor amiga de Jean fue atropellada. La niña murió en sus brazos. Desde entonces sufre una fuerte depresión. Apenas habla, casi siempre está llorando, no come, no quiere salir de casa, por la noche tiene horribles pesadillas sobre lo ocurrido... La hemos llevado a varios psicólogos y psiquiatras, pero no ha servido de nada. Ya lleva así un año, Charles. Tengo miedo de que no logre superarlo.
-¿Y qué hay de sus amigos?
-La han dejado de lado. Creen que se ha vuelto loca. A veces Jean dice que oye voces en su cabeza. ¿Tú qué crees, Charles?
-Es muy posible que sus poderes hayan surgido finalmente.
Cuando Jean nació, Xavier supo enseguida que era una mutante, y se lo hizo saber a sus padres, que lo aceptaron de buen grado.
-¿Lo crees de verdad?
-Es muy común que en una situación de estrés o una experiencia traumática aparezcan los poderes en un mutante adolescente.
-¿Podrás ayudarla?
-Tráela al hospital la próxima vez que vengas y veré lo que puedo hacer.
-Gracias, Charles. Por poco que hagas te estaré eternamente agradecido.
-Dame las gracias cuando consiga ayudar a tu hija. Ahora es pronto para cantar victoria.


Xavier se sorprendió mucho al ver a Jean, pues estaba muy desmejorada. Estaba extremadamente delgada y tenía ojeras bajo los ojos. Además tenía la cabeza agachada. Tenía miedo de mirarle a los ojos.
-John, será mejor que nos dejes solos.
-Está bien, esperaré fuera.
-¿Tienes hambre, Jean? La enfermera me trajo la comida, pero no me apetece demasiado.
Jean negó con la cabeza.
Xavier tocó un punto en su mente y la niña empezó a comer.
-Eso está mejor. Jean, ¿sabes quién soy yo?
-Es amigo de papá.
-¿Y sabes por qué estás aquí?
La niña asintió con la cabeza.
-Cree que usted puede ayudarme, pero no puede.
-¿Por qué no?
-Nadie puede.
-¿Por qué?
-Usted no... no lo entiende. Ella... ella murió en mis brazos-Jean se echó a llorar-Mi mejor amiga se murió en mis brazos, y yo lo sentí. Sentí su dolor como si fuera el mío, y supe todo lo que estaba pensando. ¡Y no pude hacer nada! Y... y desde entonces, cuando estoy con alguien, escucho voces en mi cabeza, las voces de lo que piensan, y me estoy volviendo loca. ¡Quiero que paren!
Xavier la abrazó y le acarició el cabello.
-No estás loca, Jean. Posees un don. Puedes leer las mentes de los demás, saber lo que piensan. ¿Puedes leer la mía?
-Sí.
-Entonces sabrás que quiero ayudarte, y que puedo hacerlo.
-¿Hará que desaparezcan las voces?
-Sí, cariño, haré que desaparezcan, pero para eso tienes que confiar en mí. ¿Confías en mí?
-Sí.
-Bien, entonces cierra los ojos y relájate. Cuando las abras todo habrá cambiado.
Jean cerró los ojos y Xavier puso sus manos sobre su cabeza.


Cuarenta y cinco minutos más tarde, Xavier salió al pasillo a hablar con John.
-¿Y bien?¿Cómo está?
-Ahora duerme. Demos un paseo.
-¿Qué ha pasado ahí dentro? La oí gritar y llorar e iba a entrar, pero escuché tu voz en mi cabeza diciéndome que no pasaba nada.
-Tu hija ha pasado por un infierno, John. Tal y como yo pensaba, sus poderes emergieron al presenciar el accidente de su amiga. Básicamente tu hija es telépata. Supo lo que estaba pensando su amiga mientras se moría y sintió su dolor.
-Dios mío, pobrecilla.
-Eso la traumatizó, lógicamente. A partir de ese día le resultó imposible controlar su poder. Las voces que oía en su cabeza eran los pensamientos de la gente que la rodeaba. Es demasiado joven y su poder le queda demasiado grande, así que he puesto una barrera psiónica en su mente, que le impedirá usar sus poderes hasta que esté preparada.
-¿Es seguro?
-No correrá peligro. Además es lo mejor para una mutante de su edad.
-Bien-John respiró aliviado-¿Y qué pasará cuándo esté preparada? Tengo miedo por ella.
-Tengo un proyecto entre manos que espero poder culminar a finales de este año. Voy a convertir mi mansión en una escuela para mutantes.
-¿Una escuela?
-Sí. Existen muchos mutantes, que, como en el caso de Jean, se sienten asustados ante sus repentinos poderes. Alguien debería ayudarles a controlarlos y desarrollarlos y hacer un buen uso de ellos.
-Tú eres la persona adecuada para hacerlo, Charles, esa es una gran idea.
-Cuando esté terminado envíame a Jean. Yo mismo la instruiré en el uso de sus poderes.
-Gracias, Charles, pero, ¿crees que te dejarán hacerlo? Quiero decir...
-Sé lo que quieres decir. Por eso no debes preocuparte. Oficialmente será un centro privado para jóvenes superdotados.
-Veo que lo tienes todo planeado.
-Así es, y no debes preocuparte por Jean. He calmado el dolor por la muerte de su amiga. Todo irá bien.
-No sé cómo podré compensártelo, Charles. Le has salvado la vida a mi hija. Te estaré eternamente agradecido.
-Olvídalo, amigo. Hice lo que tenía que hacer. Me gusta ser útil.
-Y lo has sido. Vaya si lo has sido-ambos se abrazaron y poco después John Grey se llevó a su hija.

7. Los planes de Magneto

Magneto se acercó a la casa de la puerta azul y tocó el timbre.
Un hombre de unos cincuenta años, medio calvo y de barba poblada abrió la puerta.
-Hola, doctor Cornelius.
-¿En qué puedo ayudarle?
-Usted tiene cierta información que me gustaría que compartiera conmigo.
-¿De qué se trata?-preguntó desconcertado.
-Del Vacío.
-Lo siento, pero no sé a qué se refiere. Si me disculpa, estoy muy ocupado-empezó a cerrarle la puerta pero Magneto no le dejó. Lo empujó a un lado, entró en la casa y cerró la puerta tras él.
-¿Qué está haciendo? Si no sale de mi casa inmediatamente llamaré a la policía.
-Usted no va a llamar a nadie.
De repente Cornelius sintió un intenso dolor en el pecho y su cara se contrajo.
-¿Se encuentra bien? No tiene buen aspecto. Quizá sea su marcapasos. Sabe que no puede acercarse a los campos magnéticos, ¿verdad?
El doctor Cornelius lo miró, asombrado.
-Ya sé quién es usted. Es Eric Lensher. He leído su ficha.
-Entonces sabrá que puedo algo más que inutilizar su marcapasos.
-¿Qué quiere de mí?
-Ya se lo dije, doctor, información. Dígame la ubicación exacta del Vacío y le dejaré en paz.
-No puedo.
-Hay muy pocas personas que saben dónde se encuentra. Sólo lo saben los mutantes que están allí y los empleados que trabajan o han trabajado en sus instalaciones. Usted trabaja en El Vacío y por tanto sabe dónde está.
-No puedo decírselo, es información restringida.
Cornelius volvió a sentir otra punzada de dolor, tan fuerte que se cayó de rodillas.
-Mi paciencia tiene un límite, doctor.
-¿Por qué quiere saberlo?
-Digamos que quiero visitar a cierta persona. Dígamelo y el dolor desaparecerá.
-Está bien. Está a 120 km. de los Ángeles.
-Sea algo más preciso, doctor.
-Está en el Atlántico.
-¿En medio del Océano Atlántico?
-Sí.
Magneto se rió.
-Sorprendente.
-Ya tiene lo que quería. ¿Se marchará ahora?
-¿Cómo sé que no acudirá a la policía, o al Comité?
-¿Qué? Tiene mi palabra, por favor...
-Me temo que no es suficiente. Debe pagar por sus crímenes.
-¿Crímenes?¿Qué crímenes?
-Contra los mutantes.
-¡Yo no he cometido ningún crimen contra los mutantes!¡Yo acepto a los mutantes!¡Tengo amigos mutantes!
-¿Ya se ha olvidado del proyecto "Weapon-X"? Sólo han pasado dos años.
Cornelius se puso pálido como la cera.
-¿Cómo...?
-Tengo mis fuentes.
-Escuche Lensher, no tuve elección, ellos...
-Mi nombre es Magneto.
El doctor Cornelius sufrió una serie de espasmos, puso los ojos en blanco y dejó de moverse.


Estaban jugando al ajedrez cuando dieron la noticia por televisión.
-"Hace unas pocas horas se ha encontrado el cuerpo sin vida del doctor Maximilian Cornelius en el salón de su casa de Nueva York. Aparentemente murió de un ataque cardíaco provocado por un mal funcionamiento de su marcapasos. El doctor Cornelius era un reconocido científico biogenetista que dedicó toda su vida a la investigación del gen mutante que... "
Xavier miró a su viejo amigo.
-Dime que no has tenido nada que ver.
-¿A qué te refieres? Espera, ¿crees que...? Charles, ha sido un infarto.
-Un marcapasos, Magnus.
Magneto meneó la cabeza y lo miró con incredulidad.
-Me alegra comprobar que tu confianza en mí no ha cambiado con el paso de los años. Los marcapasos fallan, Charles. No todas las muertes de los homo sapiens están relacionadas conmigo. Mira, si no me crees será mejor que me vaya.
-No, espera. Lo siento. Si me dices que no tienes nada que ver, te creo.
-Está bien.
Xavier trató de entrar en su mente, pero se topó con un muro infranqueable.
Al parecer Magneto había aprendido a levantar barreras mentales. Aquello lo sorprendió. ¿Por qué no quería que le leyera la mente?¿Acaso tenía algo que ocultar? Tendría que averiguarlo.


8. Sudamérica

-Háblame de Sudamérica-dijo Xavier un día.

Magneto se puso tenso. Xavier lo notó en su voz y también en su mente.

-¿Qué te hace pensar que he estado en Sudamérica?

-Hace cinco años impedí que un hombre se suicidara. Estaba sufriendo una fuerte depresión. Su mujer le había dejado y lo habían despedido, y ya no quería seguir viviendo.

-¿Qué tiene esto que ver con...

-Espera. Fuimos a un bar y tras un par de cervezas se le soltó la lengua. Allí me contó una historia de lo más curiosa. Siete años atrás formó parte de una organización secreta constituida por judíos que viajaban por todo el mundo buscando nazis fugitivos para llevarlos ante la justicia. Hasta la fecha habían encontrado a cuatro. Uno en España, otro en Irlanda y dos en Australia. Pero nada comparado con Sudamérica. En las Antípodas encontraron nada menos que a diez. Diez nazis viviendo como simples civiles. Dos altos mandos de Hitler, un ayudante del propio doctor Menguele y el resto ex-soldados rasos.

Magneto lo miraba con gran seriedad.

-Aquella sería la captura más importante de la historia del grupo. Tendrían que planearlo todo al milímetro. Nada podía salir mal.

Pero salió, pensó Magneto.

-La tarea de mi amigo el suicida era controlar los movimientos de los nazis, no perderlos de vista. Una noche siguió a uno de los nazis hasta un descampado, y escondido entre los arbustos presenció algo que aún años después le provocaba pesadillas.

Magneto sonrió con amargura. Sabía muy bien lo que iba a decirle.

-Los nazis formaban un círculo alrededor de un hombre, armados con pistolas y ametralladoras. Mi amigo conocía a ese hombre. Llevaba en el grupo dos años y tenía unas opiniones más radicales que las de los demás. Creía que no debían entregar a los nazis a las autoridades, sino encargarse ellos mismos de ejecutarlos por el daño que habían causado a los suyos. Era algo radical, sí, pero a mi amigo le caía bien. Mi amigo quiso hacer algo para ayudarle, pero estaba demasiado asustado para reaccionar. Y se quedó allí, observando.

Y entonces ocurrió. Los nazis vaciaron sus cargadores sobre aquel hombre y de pronto se detuvieron y empezaron a hablar entre ellos, asustados, porque las balas permanecían inmóviles en el aire. El hombre que debería haber muerto acribillado estaba de pie en el centro, con los brazos extendidos. Entonces todas las balas giraron simultáneamente e impactaron en las piernas de los nazis. Solamente en las piernas. Los nazis gritaban de dolor y se arrastraban por el suelo, pues ninguno había muerto. A uno de ellos le explotó literalmente la cabeza y de entre los sesos surgió una placa metálica que flotó en el aire unos instantes y luego cayó al suelo. Una pistola flotó hasta la mano de aquel hombre. Se agachó junto a uno de ellos, puso el cañón en la garganta del nazi y disparó. El nazi no murió inmediatamente, pero la sangre empezó a manar y este empezó a ahogarse. A otro le disparó en el estómago y tardó diez minutos en morir. A uno de los altos mandos de Hitler le disparó en los ojos. Tras alargar su agonía durante más de veinte minutos, las armas apuntaron a sus cabezas y se las volaron. El hombre se quedó observando los cadáveres, escupió en cada uno y se marchó. Después de eso mi amigo vomitó y se desmayó.

-El bueno de Ben-dijo Magneto finalmente-Nunca tuvo estómago para esas cosas.

-Tú eres ese hombre.

-No lamento lo que hice. Si pudiera retroceder en el tiempo hasta ese momento, volvería a hacerlo.

-Magnus-se lamentó Xavier-¿Por qué? Eran nazis, sí, pero esa masacre...

-Ellos mataron a Isabelle, Charles, se lo merecían...

-¿Isabelle?

-Jamás pensé que volvería a enamorarme después de perder a Magda, pero conocí a Isabelle y fue como si aquel agujero que había sentido en mi alma hasta entonces se hubiera cerrado. Ella también formaba parte del grupo y compartíamos las mismas ideas. Cuando la mataron me volví loco y quise hacérselo pagar. Y lo pagaron-dijo Magneto con rotundo odio-Después de eso abandoné el grupo.

-Y nació Magneto.

-Magneto ya existía, pero estaba aletargado. No había razón para que no despertara.

-Lamento mucho lo de Isabelle, Magnus, pero lo que hiciste... no puedo aprobarlo. Va en contra de mis principios. Es precisamente contra lo que lucho, mutantes que usan sus poderes contra los homo sapiens.

-No eran humanos, Charles, eran nazis. Monstruos.

Los dos se miraron a los ojos.

-Volvemos al tema de siempre-dijo Xavier.

-Si hubieras estado en mi lugar, ¿qué hubieras hecho? Dímelo, Charles, ¿qué hubieras hecho?

Xavier meneó la cabeza.

-Prefiero no pensarlo.

-Yo te lo diré: hubieras hecho lo mismo. Exactamente lo mismo.

-Es por cosas como esta por lo que nos odian. Y tú no haces más que fomentar ese odio. Tú y los que son como tú.

-Cálmate, Charles, te estás irritando, y ya sabes lo que pasa cuando eso sucede. Será mejor que me vaya. Ya volveré cuando estés más tranquilo.

-Sí, será lo mejor.

-Adiós, Charles.

El Vacío, pensó Xavier de pronto. Magneto quería ir al Vacío, pero, ¿por qué?

¿A quién quería ver?


9. La carta

-Señor Xavier-dijo Amelia Vought, su enfermera, entrando en su habitación-Ha recibido una carta.

-Gracias, Amelia.

Llevaba un mes en el hospital y era la primera vez que alguien le escribía. Se preguntó de quién sería.

Cuando leyó el remite se quedó de piedra. Era de Gabrielle.

Xavier no se lo podía creer. Aquel era el primer contacto que tenían desde que rompieron, hacía 15 años, y Xavier se apresuró a abrir le sobre.

"Querido Charles, sé que te habrá sorprendido recibir esta carta; a mí también me sorprendió escribirla. Después de todo, 15 años son muchos años.

Cuando me enteré de lo que te había pasado pensé en ir a verte, pero tal y como lo dejamos aquel lejano día, supuse que sería buena idea.

Lamento cómo me porté contigo, Charles, y espero que puedas perdonarme. No sé cómo pude pensar que habías usado tus poderes para obligarme a quererte. Tú eres una buena persona y sé que jamás habrías hecho algo así. Ahora lo sé y créeme cuando digo que lo siento.

No hace mucho vi a Eric. Lo noté muy cambiado. Claro que después de 15 años todos hemos cambiado, en mayor o menor medida. Lo de Israel nos cambió.

Me he casado y tengo un hijo. He rehecho mi vida y espero que tú hayas hecho lo mismo. Te deseo lo mejor, y espero que algún día pueda volver a verte caminar.

Con mis mejores deseos, tu amiga que no te olvida, Gabrielle"


Después de leer la carta, Xavier pensó con cariño en ella, recordando cómo se habían conocido...

Ya que ha pasado tanto tiempo desde que te envié la entrega anterior te haré un pequeño resumen:
Charles Xavier se recupera en el hospital de un grave accidente que lo dejó parapléjico. Allí recibe la visita de Magneto, que no se ven desde hace años, tras un duro enfrentamiento. Hablan de sus cosas y un día Xavier recibe la carta de Gabrielle, una ex-novia, haciendo referencia a lo que ocurrió en Israel.
En este capítulo empieza un largo flashback que muestra a un joven Xavier mucho antes de quedar en silla de ruedas.
Que lo disfrutes.


10. Israel


Charles Xavier iba en un destartalado autobús que lo llevaba a Haifa (Israel). Allí Daniel Shomron dirigía un centro para judíos con problemas mentales y físicos a raíz del Holocausto, y Charles iba allí para echarle una mano.

Conoció a Daniel en un campamento M.A.S.H., mientras se recuperaba de sus heridas de guerra. Aunque en realidad sus heridas no fueron causadas por la propia guerra, sino por su hermanastro, Caín.

El padre de Charles era científico molecular. Un día hubo un accidente en su laboratorio y murió. Su socio, Kurt Marko, se casó con su madre, pero no por amor, sino por su inmensa fortuna. Kurt pagaba sus frustraciones con su hijo Caín y este con Charles, al que odiaba profundamente por ser más inteligente que él. Además no contribuyó a su relación que Kurt se llevara muy bien con Charles ni que Caín descubriera en varias ocasiones a Charles entrando en su mente. Aquello aumentó más el odio que sentía por él.

Cuando Charles fue reclutado para la guerra, ambos coincidieron en la misma unidad. Una noche, Caín desertó y Charles lo siguió hasta una cueva. Salvo que no era una cueva, sino uno de los nueve Templos de Cyttorak. El Templo albergaba grandes tesoros, pero Caín se fijó en una enorme gema que había sobre un pedestal. Cuando la tocó, la gema cambió su cuerpo, otorgándole una fuerza descomunal y convirtiéndolo en un ser incapaz de ser detenido. El Templo empezó a derrumbarse, sepultándolo. Xavier consiguió salir, malherido, creyendo que su hermanastro había muerto.

En cierto modo fue así. Porque aquel día, nació Juggernaut.

Desde entonces su hermanastro usó sus nuevos poderes para intentar acabar con él. Charles lo sentía mucho, porque siempre quiso que se llevaran bien, y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo. Bueno, sí, podía obligarle a que dejara de odiarle, pero Charles no quería hacerlo. No le gustaba manipular a la gente si no era estrictamente necesario, y con Caín no pensaba hacerlo. Aquel cambio tendría que provenir de él. Quizás algún día acabarían por llevarse bien.


Charles se bajó en la parada y tardó unos diez minutos en llegar caminando al hospital. Este era un edificio bastante deteriorado. Tenía muchas grietas y la pintura blanca había desaparecido casi por completo. Parecía que le hubiera caído una bomba encima.

Charles entró y paró a una enfermera que pasó por su lado.

-Disculpe, ¿dónde puedo encontrar al doctor Shomron?

-Está en su despacho, al final de este pasillo.

-Muchas gracias.

Se encaminó al despacho de su amigo y entonces escuchó que lo llamaban por megafonía. Iba a llamar a la puerta cuando esta se abrió de golpe y se encontró de frente con Daniel. Su amigo lo miró, sorprendido.

-¿Charles?¿Charles Xavier?

-Hola, Daniel.

Los dos se abrazaron efusivamente.

-Me gustaría pararme a charlar, pero tengo que ir a la enfermería urgentemente. Ven, acompáñame.

-¿Qué ocurre?

-Aún no lo sé, pero mucho me temo que se trate de nuevo de Isaac. Es un niño de 13 años que estuvo en Auschwitz seis meses. Cada vez que alguno de nosotros se acerca a él, se vuelve como loco y empieza a patalear y a chillar. Lleva aquí tres años y aún no sé cómo ayudarle.

Entraron en la enfermería y efectivamente Isaac estaba dificultando la labor de las enfermeras. Había tres tratando de calmarle y otra intentando pincharle con una aguja. El niño gritaba y se revolvía, impidiendo que se acercaran a él.

-Son los uniformes-dijo Charles.

-¿Qué?-preguntó Daniel.

-Los que le torturaron en Auschwitz llevaban batas blancas y uniformes de enfermera. Por eso se vuelve loco cada vez que alguien se le acerca vestido de esa manera.

-Está bien-dijo Daniel dirigiéndose a las enfermeras-Déjennos solos, por favor. Hay más pacientes que necesitan de sus cuidados. Nosotros nos ocuparemos de Isaac. Gracias.

Cuando se fueron, Daniel se quitó la bata y la arrojó al suelo. Al instante Isaac pareció relajarse y empezó a respirar con normalidad.

Daniel se volvió hacia Charles, sonriendo, sin acabar de creérselo.

-Es increíble. Has hecho más en este minuto que nosotros en tres años. ¿No te interesaría trabajar aquí, verdad?

-Lo cierto es que vine por eso.

-Me alegro mucho de que me digas eso, Charles, pero tienes que saber que no puedo pagarte. Este hospital subsiste a duras penas. Todos los que trabajamos aquí somos voluntarios. Lo único que he conseguido del gobierno israelí son las medicinas y sábanas limpias.

-Sabes que el dinero no me importa, Daniel. He venido a ayudar.

Con la inmensa fortuna que heredó de su madre, podía trabajar gratis el resto de su vida.

-Entonces te doy la bienvenida-dijo Daniel estrechándole la mano-Quizás con tu don puedas ayudar a los pacientes que nosotros no hemos podido.

-Espero que así sea, Daniel.



11. Eric


-Esto no es realmente un hospital-dijo Daniel al día siguiente mientras le mostraba las instalaciones-Es más bien una gran sala de recuperación. No tenemos quirófanos ni sala de rayos-X ni el equipo adecuado.

-¿Y qué hace el gobierno? ¿Dónde invierte el dinero? Se supone que este sitio es para ayudar a los supervivientes del Holocausto-protestó Charles-Debería poner más de su parte.

-La Guerra ha dejado una profunda huella en este país, Charles. Terminó hace años, pero a Israel aún le cuesta levantar cabeza, y no creo que lo haga del todo. Fueron 6 millones. Eso no se olvida fácilmente.

-No debe olvidarse, Daniel. Pero debería implicarse más en proyectos como este.

-No es por falta de ganas, créeme, pero no se puede sacar dinero de donde no lo hay. Las arcas están vacías. Conseguí que nos cedieran este edificio, un viejo hospital de principios de siglo y que nos abastecieran de comida, mantas, medicamentos y el instrumental médico básico. A partir de ahí el resto es cosa nuestra. Quizá algún día puedan hacer más, pero no ahora.

-Esperemos que ese día no tarde en llegar.

-Sí.

-¿Cuántos sois?

-Seremos unas veinte personas. Nueve médicos, seis enfermeras y cinco civiles. Seis si te contamos a ti.

-Veinte personas y aún así conseguís llevar adelante este centro. Me parece algo admirable.

-Gracias, hacemos lo que podemos. Por cierto, hay algo de lo que quisiera hablarte.

-¿De qué se trata?

-A algunos de tus nuevos compañeros no les agradan demasiado los mutantes. Te aconsejo que mantengas tu don especial en secreto.

-Vaya, no me esperaba que aquí sucediera también eso-exclamó sorprendido.

-Sucede en todas partes. Ya sabes, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio.

-Sí, y el odio lleva al sufrimiento. Nuestro pan de cada día. Por suerte tú lo aceptaste.

-Ya conoces mi opinión al respecto. Lo importante es la persona, no lo que sea capaz de hacer.

-Estoy de acuerdo.

-Ahora acompáñame. Te presentaré a tus nuevos compañeros.

Daniel le presentó a algunas de las enfermeras, pues se toparon con ellas en los pasillos. A las restantes se las presentó cuando acabaron de atender a sus pacientes, lo mismo que con los médicos y los civiles voluntarios. Le dieron la bienvenida, hubo besos, estrechamiento de manos y palmaditas en la espalda. Estuvo un rato hablando con ellos y luego Daniel se lo llevó aparte a él y a una de las enfermeras.

-Carla, ¿has visto a Eric?

-Sí, creo que está con la señora Holstrom.

-Bien, gracias.

-Suerte-le dijo Carla a Charles-La necesitarás.

-¿A qué se refiere?-le preguntó mientras se ponían en camino.

-Es por Eric. No se lleva demasiado bien con los demás. Quizá tú tengas más suerte. Lleva aquí unos seis meses y es un civil, como tú. No le gusta hablar mucho de su pasado, pero me dijo que estuvo en el campo de Brunau en su adolescencia, y que esperaba que su experiencia pudiera servir de ayuda.

-Eso le honra.

-Sí, es un buen hombre y se dedica en cuerpo y alma a los pacientes del hospital, pero no es demasiado sociable. Por suerte me llevo bien con él.

El tal Eric estaba junto a una anciana a la que le faltaba la mano. En el momento en que entraron le estaba hablando en voz baja. Entonces se remangó el brazo y Charles vio que tenía un número tatuado. La besó en la frente y la arropó con las sábanas.

-Daniel, ¿qué quieres?-preguntó, percatándose de su presencia.

Charles notó que estaba irritado.

-¿Quién es tu amigo?

-Charles Xavier, te presento a Eric Lensher.