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Nota: En la portada aparecen siempre las últimas entrevistas a escritores que hemos hecho, así como las nuevas fichas de libros leídos y también se puede acceder a un listado de entrevistas sin cargar fotografías ni texto.

ENTREVISTA a MANUEL MOROS PEÑA
Por Anika
(Presentación en la web)
A mucha gente las palabras "holocausto caníbal" les sonará por la película de Ruggero Deodato, pero lo cierto es sí existió un holocausto cuya única excusa fue el racismo: los negros eran acusados de canibalismo para exterminarlos. Quizás esto os parezca curioso o irreal, pero sólo es la punta del iceberg de un libro -que a pesar del tema resulta extrañamente ameno- concebido para explicar el origen y desarrollo de la antropofagia. Para ello, el doctor Manuel Moros Peña hace un recorrido que empieza en el mismo Neolítico y termina en la actualidad con los nuevos caníbales: los psicópatas de nuestros tiempos.
Así, Historia natural del canibalismo recoge un riguroso estudio de lo más curioso, a veces espeluznante y otras casi simpático, repartido en varios apartados (Supervivencia, Ritual, Prehistórico, Guerrero y Patológico) donde se habla del tema así como descubre una sustanciosa cantidad de hechos ocurridos en la historia que sorprenderán al más escéptico. Prácticamente todos conocemos los hechos acaecidos en los Andes donde un grupo de deportistas terminan sobreviviendo a un accidente aéreo cuando deciden comer la carne de sus muertos (¡Viven!). Pues si esta es vuestra única referencia apretaos el cinturón porque ha habido muchos casos de canibalismo no necesariamente de indígenas. Amplía el libro una sección dedicada al cine caníbal.
** La historia de “¡Viven!” (accidente aéreo en los Andes) es la más conocida pero has mencionado muchísimas más a lo largo de la Historia ¿por qué no son igualmente populares?
Manuel Moros Peña:
Porque es un hecho relativamente reciente (ocurrió en 1972), y recibió una gran cobertura mediática. La historia de la supervivencia de los jóvenes uruguayos era lo suficientemente sensacional como para interesar a los periódicos y emisoras de radio y televisión del mundo entero. Fue llevado al cine en 1993 (¡Viven!, Frank Marshall), y sigue siendo un tema que interesa, después de 35 años. De hecho, hace sólo 2 años, Nando Parrado publicó un libro (Milagro en los Andes) donde recogía aquellos espantosos 72 días que pasó en compañía de los otros 15 supervivientes, perdidos en los Andes, alimentándose de sus familiares muertos.
Recientemente se ha estrenado el documental Náufragos, dirigido por Gonzalo Airjón, en el que los 16 supervivientes hablan por primera vez delante de una cámara. Pero quien profundice en esta historia atraído por el morbo, encontrará algo muchísimo mejor: un ejemplo de valor, de voluntad de seguir viviendo, de superación, de solidaridad y de trabajo en equipo. Para mí, su experiencia es ejemplar en todos los sentidos, desde cómo consiguieron el agua a la increíble proeza de tres muchachos que consiguieron escalar sin ninguna clase de equipo las inexpugnables montañas nevadas para pedir ayuda. Vivimos unos tiempos faltos de héroes, de referentes. Sin embargo, esta historia está llena de héroes. Es una Odisea trasladada a los tiempos modernos. El canibalismo, en este caso, es simplemente algo más que tuvieron que hacer para poder sobrevivir y regresar junto a sus seres queridos. Me atrevería a decir que algo anecdótico. Hay aspectos muchísimo más interesantes de este caso.
En el resto de historias de canibalismo de supervivencia existe un elemento fundamental que las hace impopulares: el asesinato. Ya fuera por sorteo (como en la terrible Costumbre del Mar de los náufragos) como por la fuerza, una persona era asesinada para alimentar al grupo. Por ello, en estas historias confluyen dos elementos que atentan contra el orden establecido: el asesinato y el canibalismo. Y es por ello que resultan tremendamente impopulares. Nos recuerdan demasiado nuestra naturaleza animal. De hecho, las únicas críticas a los supervivientes de los Andes partieron de periódicos sensacionalistas que sacaron en portada unas fotos espeluznantes tomadas por el equipo de rescate que mostraban montones de huesos cerca del fuselaje y partes de cuerpos humanos esparcidas por la nieve, especulando con el hecho de que habían matado a quienes no habían muerto en el accidente para poder comérselos. Evidentemente, esto no fue así. Pero, con total seguridad, si lo hubiera sido, la opinión popular no habría sido tan favorable.
** El canibalismo, sobre todo cuando hablamos de víctimas ya muertas, no parece tan terrible al lado de los sacrificios humanos de civilizaciones antiguas: ofrendas a dioses de niños enterrados vivos o asados, o lanzados a los tiburones…
Manuel Moros Peña:
Sin duda, el aspecto más espeluznante de los sacrificios humanos es el infanticidio ritual. El niño se consideraba el mejor intermediario entre los dioses y los hombres, pues un niño es símbolo de pureza, un recién llegado del mundo espiritual, aún no contaminado con el aspecto material de la vida, y por lo tanto, limpio en su mente y en su corazón.
Durante siglos, fue una práctica universal el enterramiento de niños en los cimientos de los edificios para que sus espíritus los protegieran. En 1906 se descubrieron bajo los cimientos del antiguo puente de Bremen, en Alemania, el cadáver de un niño colocado allí para asegurar su protección. Este rito propiciatorio fue sustituido por la colocación de la primera piedra.
Moloch o Baal, adorado por asirios, fenicios, cartagineses y filisteos exigía que en su honor, se quemaran niños vivos. En el Antiguo Testamento, el lugar donde estas víctimas eran consumidas se llamaba tofet, porque se hacía un gran estrépito con instrumentos musicales (tofim) para que los padres no oyeran los gritos de sus hijos mientras se quemaban.
Los aztecas sacrificaban niños para honrar a Tláloc, dios de la lluvia, degollándolos. Si lloraban mucho, se daba por supuesto que llovería.
En 1860 todavía se ofrendaban niños a Siva en la Baja Bengala para detener el hambre, y las madres arrojaban a los primogénitos desde una peña de 150 metros de altura para que Mahadeo, el dios de la destrucción, les concediese una numerosa descendencia.
Sin duda, el sacrificio más terrible consistía en echar criaturas a los tiburones de la desembocadura del Ganges como ofrenda a la diosa de las aguas. Los ingleses promulgaron una ley contra él en 1802.
** La relación entre el canibalismo y la mujer es de lo más contradictoria, según la tribu de la que hables, o ella es preferente como comensal o lo es como comida, justo lo contrario…
Manuel Moros Peña:
Todos los pueblos caníbales tenían esta práctica perfectamente regulada, cada uno de una forma distinta. Los bammana no podían comer la carne humana con los dedos, como hacían con el resto de los alimentos. Lo mismo ocurría en Fidji, donde se utilizaban unos tenedores especiales.
Entre los fang y los mandja, así como en las Islas Marquesas, estaba prohibido a los menores.
Los guerreros zumperi tenían que conformarse con lamer la sangre de sus cuchillos.
En Liberia las ancianas eran comensales, pero no las jóvenes ni las madres lactantes.
Los tangale se comían las cabezas de las mujeres de tribus enemigas, pero sólo permitían comerlas a las ancianas.
Los wasongala, los mambila y los antropófagos de Nueva Zelanda y las Marquesas despreciaban a las mujeres como manjar.
Los ancianos ganawuri y de las islas Paumutu recibían los mejores manjares.
Los yergum permitían que todos comieran, pero las cabezas estaban reservadas a los guerreros.
En muchas islas de los Mares del Sur, las víctimas eran ofrecidas en primer lugar a la divinidad y en Tahití y Hawaii, el ojo izquierdo (donde se suponía que asentaba la inteligencia), era reservado al rey.
En las Islas Salomón, lo que se le reservaba eran los genitales…
Todos estos tabúes, estas restricciones, la solemnidad que rodeaba al banquete caníbal, la circunstancia de que en muchos sitios se presentara primero el manjar a los dioses confirman que el canibalismo nunca se practicó por gula, sino que formaba parte de la religión.
** Pero esa fascinación... ¿Hasta el punto de convertirlas en estrellas mediáticas?
Manuel Moros Peña:
Es que los propios medios, siempre hambrientos de novedades, han convertido al psychokiller en una superstar. El cine, cuyos monstruos tradicionales ya no asustaban; escritores como Truman Capote y Norman Mailer alzando hasta niveles insospechados la crónica de sucesos; novelistas como Brett Easton Ellis, Thomas Harris o Poppy Z. Brite, explorando los aspectos más oscuros de la mente humana; los interminables debates televisivos sobre qué hacer con ellos…
El asesino en serie forma parte intrínseca de nuestro complejo cultural. Los cuadros de John Wayne Gacy, El Payaso Asesino, que violó y asesinó a 33 jóvenes, fueron comprados hasta por 7.000 dólares por celebridades como Johnny Depp o John Waters.
Issei Sagawa, que asesinó y devoró a la joven Renée Hartevelt es una celebridad en su país, Japón. Ha escrito varias novelas de éxito e incluso apareció en la portada de una revista de gastronomía.
Richard Ramirez, El Rondador Nocturno, culpable de 13 asesinatos y otros 30 cargos de violación, recibe en la cárcel millares de cartas de admiradoras pidiéndole matrimonio, como también las recibía Ted Bundy.
Charlie Manson, el inductor de los crímenes Tate-La Bianca es todo una estrella mundialmente conocida, cuya imagen aparece en pósters y camisetas y cuyas mediocres canciones folk han sido interpretadas por grupos como Guns´n´Roses y Marilyn Manson.
Los derechos para llevar al cine la vida de Armin Meiwes, El Caníbal de Rotemburgo, podrían llegar al millón de dólares.
El problema es que cuando miras al abismo, éste también te está mirando a ti. Desconocemos los motivos que impulsan a una persona a convertirse en un psychokiller. Por lo tanto, también desconocemos la influencia que su culto puede tener en determinadas personalidades. Su mitificación puede ser muy inquietante.
Atención: estas 4 preguntas están extraídas al azar de una entrevista de 2 páginas con respuestas igual de interesantes y completas.
(Leer más)
Nota: En la portada aparecen siempre las últimas entrevistas a escritores que hemos hecho, así como las nuevas fichas de libros leídos y también se puede acceder a un listado de entrevistas sin cargar fotografías ni texto.

ENTREVISTA a MANUEL MOROS PEÑA
Por Anika
(Presentación en la web)
A mucha gente las palabras "holocausto caníbal" les sonará por la película de Ruggero Deodato, pero lo cierto es sí existió un holocausto cuya única excusa fue el racismo: los negros eran acusados de canibalismo para exterminarlos. Quizás esto os parezca curioso o irreal, pero sólo es la punta del iceberg de un libro -que a pesar del tema resulta extrañamente ameno- concebido para explicar el origen y desarrollo de la antropofagia. Para ello, el doctor Manuel Moros Peña hace un recorrido que empieza en el mismo Neolítico y termina en la actualidad con los nuevos caníbales: los psicópatas de nuestros tiempos.
Así, Historia natural del canibalismo recoge un riguroso estudio de lo más curioso, a veces espeluznante y otras casi simpático, repartido en varios apartados (Supervivencia, Ritual, Prehistórico, Guerrero y Patológico) donde se habla del tema así como descubre una sustanciosa cantidad de hechos ocurridos en la historia que sorprenderán al más escéptico. Prácticamente todos conocemos los hechos acaecidos en los Andes donde un grupo de deportistas terminan sobreviviendo a un accidente aéreo cuando deciden comer la carne de sus muertos (¡Viven!). Pues si esta es vuestra única referencia apretaos el cinturón porque ha habido muchos casos de canibalismo no necesariamente de indígenas. Amplía el libro una sección dedicada al cine caníbal.
** La historia de “¡Viven!” (accidente aéreo en los Andes) es la más conocida pero has mencionado muchísimas más a lo largo de la Historia ¿por qué no son igualmente populares?
Manuel Moros Peña:
Porque es un hecho relativamente reciente (ocurrió en 1972), y recibió una gran cobertura mediática. La historia de la supervivencia de los jóvenes uruguayos era lo suficientemente sensacional como para interesar a los periódicos y emisoras de radio y televisión del mundo entero. Fue llevado al cine en 1993 (¡Viven!, Frank Marshall), y sigue siendo un tema que interesa, después de 35 años. De hecho, hace sólo 2 años, Nando Parrado publicó un libro (Milagro en los Andes) donde recogía aquellos espantosos 72 días que pasó en compañía de los otros 15 supervivientes, perdidos en los Andes, alimentándose de sus familiares muertos.
Recientemente se ha estrenado el documental Náufragos, dirigido por Gonzalo Airjón, en el que los 16 supervivientes hablan por primera vez delante de una cámara. Pero quien profundice en esta historia atraído por el morbo, encontrará algo muchísimo mejor: un ejemplo de valor, de voluntad de seguir viviendo, de superación, de solidaridad y de trabajo en equipo. Para mí, su experiencia es ejemplar en todos los sentidos, desde cómo consiguieron el agua a la increíble proeza de tres muchachos que consiguieron escalar sin ninguna clase de equipo las inexpugnables montañas nevadas para pedir ayuda. Vivimos unos tiempos faltos de héroes, de referentes. Sin embargo, esta historia está llena de héroes. Es una Odisea trasladada a los tiempos modernos. El canibalismo, en este caso, es simplemente algo más que tuvieron que hacer para poder sobrevivir y regresar junto a sus seres queridos. Me atrevería a decir que algo anecdótico. Hay aspectos muchísimo más interesantes de este caso.
En el resto de historias de canibalismo de supervivencia existe un elemento fundamental que las hace impopulares: el asesinato. Ya fuera por sorteo (como en la terrible Costumbre del Mar de los náufragos) como por la fuerza, una persona era asesinada para alimentar al grupo. Por ello, en estas historias confluyen dos elementos que atentan contra el orden establecido: el asesinato y el canibalismo. Y es por ello que resultan tremendamente impopulares. Nos recuerdan demasiado nuestra naturaleza animal. De hecho, las únicas críticas a los supervivientes de los Andes partieron de periódicos sensacionalistas que sacaron en portada unas fotos espeluznantes tomadas por el equipo de rescate que mostraban montones de huesos cerca del fuselaje y partes de cuerpos humanos esparcidas por la nieve, especulando con el hecho de que habían matado a quienes no habían muerto en el accidente para poder comérselos. Evidentemente, esto no fue así. Pero, con total seguridad, si lo hubiera sido, la opinión popular no habría sido tan favorable.
** El canibalismo, sobre todo cuando hablamos de víctimas ya muertas, no parece tan terrible al lado de los sacrificios humanos de civilizaciones antiguas: ofrendas a dioses de niños enterrados vivos o asados, o lanzados a los tiburones…
Manuel Moros Peña:
Sin duda, el aspecto más espeluznante de los sacrificios humanos es el infanticidio ritual. El niño se consideraba el mejor intermediario entre los dioses y los hombres, pues un niño es símbolo de pureza, un recién llegado del mundo espiritual, aún no contaminado con el aspecto material de la vida, y por lo tanto, limpio en su mente y en su corazón.
Durante siglos, fue una práctica universal el enterramiento de niños en los cimientos de los edificios para que sus espíritus los protegieran. En 1906 se descubrieron bajo los cimientos del antiguo puente de Bremen, en Alemania, el cadáver de un niño colocado allí para asegurar su protección. Este rito propiciatorio fue sustituido por la colocación de la primera piedra.
Moloch o Baal, adorado por asirios, fenicios, cartagineses y filisteos exigía que en su honor, se quemaran niños vivos. En el Antiguo Testamento, el lugar donde estas víctimas eran consumidas se llamaba tofet, porque se hacía un gran estrépito con instrumentos musicales (tofim) para que los padres no oyeran los gritos de sus hijos mientras se quemaban.
Los aztecas sacrificaban niños para honrar a Tláloc, dios de la lluvia, degollándolos. Si lloraban mucho, se daba por supuesto que llovería.
En 1860 todavía se ofrendaban niños a Siva en la Baja Bengala para detener el hambre, y las madres arrojaban a los primogénitos desde una peña de 150 metros de altura para que Mahadeo, el dios de la destrucción, les concediese una numerosa descendencia.
Sin duda, el sacrificio más terrible consistía en echar criaturas a los tiburones de la desembocadura del Ganges como ofrenda a la diosa de las aguas. Los ingleses promulgaron una ley contra él en 1802.
** La relación entre el canibalismo y la mujer es de lo más contradictoria, según la tribu de la que hables, o ella es preferente como comensal o lo es como comida, justo lo contrario…
Manuel Moros Peña:
Todos los pueblos caníbales tenían esta práctica perfectamente regulada, cada uno de una forma distinta. Los bammana no podían comer la carne humana con los dedos, como hacían con el resto de los alimentos. Lo mismo ocurría en Fidji, donde se utilizaban unos tenedores especiales.
Entre los fang y los mandja, así como en las Islas Marquesas, estaba prohibido a los menores.
Los guerreros zumperi tenían que conformarse con lamer la sangre de sus cuchillos.
En Liberia las ancianas eran comensales, pero no las jóvenes ni las madres lactantes.
Los tangale se comían las cabezas de las mujeres de tribus enemigas, pero sólo permitían comerlas a las ancianas.
Los wasongala, los mambila y los antropófagos de Nueva Zelanda y las Marquesas despreciaban a las mujeres como manjar.
Los ancianos ganawuri y de las islas Paumutu recibían los mejores manjares.
Los yergum permitían que todos comieran, pero las cabezas estaban reservadas a los guerreros.
En muchas islas de los Mares del Sur, las víctimas eran ofrecidas en primer lugar a la divinidad y en Tahití y Hawaii, el ojo izquierdo (donde se suponía que asentaba la inteligencia), era reservado al rey.
En las Islas Salomón, lo que se le reservaba eran los genitales…
Todos estos tabúes, estas restricciones, la solemnidad que rodeaba al banquete caníbal, la circunstancia de que en muchos sitios se presentara primero el manjar a los dioses confirman que el canibalismo nunca se practicó por gula, sino que formaba parte de la religión.
** Pero esa fascinación... ¿Hasta el punto de convertirlas en estrellas mediáticas?
Manuel Moros Peña:
Es que los propios medios, siempre hambrientos de novedades, han convertido al psychokiller en una superstar. El cine, cuyos monstruos tradicionales ya no asustaban; escritores como Truman Capote y Norman Mailer alzando hasta niveles insospechados la crónica de sucesos; novelistas como Brett Easton Ellis, Thomas Harris o Poppy Z. Brite, explorando los aspectos más oscuros de la mente humana; los interminables debates televisivos sobre qué hacer con ellos…
El asesino en serie forma parte intrínseca de nuestro complejo cultural. Los cuadros de John Wayne Gacy, El Payaso Asesino, que violó y asesinó a 33 jóvenes, fueron comprados hasta por 7.000 dólares por celebridades como Johnny Depp o John Waters.
Issei Sagawa, que asesinó y devoró a la joven Renée Hartevelt es una celebridad en su país, Japón. Ha escrito varias novelas de éxito e incluso apareció en la portada de una revista de gastronomía.
Richard Ramirez, El Rondador Nocturno, culpable de 13 asesinatos y otros 30 cargos de violación, recibe en la cárcel millares de cartas de admiradoras pidiéndole matrimonio, como también las recibía Ted Bundy.
Charlie Manson, el inductor de los crímenes Tate-La Bianca es todo una estrella mundialmente conocida, cuya imagen aparece en pósters y camisetas y cuyas mediocres canciones folk han sido interpretadas por grupos como Guns´n´Roses y Marilyn Manson.
Los derechos para llevar al cine la vida de Armin Meiwes, El Caníbal de Rotemburgo, podrían llegar al millón de dólares.
El problema es que cuando miras al abismo, éste también te está mirando a ti. Desconocemos los motivos que impulsan a una persona a convertirse en un psychokiller. Por lo tanto, también desconocemos la influencia que su culto puede tener en determinadas personalidades. Su mitificación puede ser muy inquietante.
Atención: estas 4 preguntas están extraídas al azar de una entrevista de 2 páginas con respuestas igual de interesantes y completas.
(Leer más)

1 comentarios:
Anika, una excelente entrevista. Unas preguntas y unas respuestas muy interesantes. A mí, personalmente, siempre me ha llamado la atención el tema, desde que de pequeña vi la peli de Viven, y cuando ya de más mayor vi el Silencio de los Corderos...(x cierto, siempre me ha hecho gracia cómo el cine consiguió que los espectadores adoraráramos a un caníbal. Somos muchos los que reconocemos las atrocidades de Hannibal Lecter y sin embargo, nos cae bien (¿será por Anthony Hopkins?). ¡Me ha dejado helada la historia que cuentas del hombre caníbal que fue adoptado y de mayor se comió a sus hijos! Buffff....
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